“Trabajar para vivir y no vivir para trabajar”
Hace más de 20 años Juan Carreño era empleado en “San Pablo”, después esa amasandería fue suya y hoy se ha expandido por Talca con cuatro locales marcando presencia con las típicas tortillas jamón queso.
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Quien viva en Talca, o por lo menos quien haya estado de paso por aquí, no puede negar que para capear el hambre furtiva que suele atacar cerca del mediodía, o ya muy entrada la tarde, ha comido una rica tortilla jamón queso. Podríamos decir que, junto al completo, la tortilla es un alimento institucionalizado en la capital de la Séptima Región. Pero este prestigio generalizado no ha sido producto de una situación fortuita, los años, la costumbre y un hombre llamado Juan Carreño, han contribuido en gran parte a que esto sea posible.
A estas alturas usted se preguntará ¿Quién es Juan Carreño? Pues bien, la historia comienza hace más de 20 años, cuando este hombre llega como un empleado más a un local de amasandería llamado “San Pablo”. Con el paso del tiempo quiso independizarse y “por alguna equivocación o algo así, se me dio la oportunidad de arrendar el local. Lo arrendé un año y el mismo año lo estaba comprando”, cuenta.
¿Sabe ahora de quien estamos hablando?
“Nunca pensé que podía crecer tanto”
Todo este episodio en la vida de “San Pablo”, se enmarca en el entorno del Mercado Central, lugar donde se gestó y desarrolló toda su primera etapa de comerciante, la cual fue muy difícil, pues confiesa haber comenzado sin ser muy versado en esto de los negocios. Entre los añosos muros del lugar este hombre fue evolucionando lentamente hasta tener seis locales, pasó de comprar a terceros algunos de los productos que vendía, a fabricarlos el mismo y también pudo cumplir su gran sueño, pasar de la bicicleta al auto, “cargar las cosas en la bicicleta para mi era un verdadero sacrificio. El año ’90 ya logré comprarme mi camioneta y desde ahí no me paró nadie”, cuenta.
Cuando ya el emprendimiento de Juan iba de lo más bien, se dio cuenta de que tenía que innovar, porque la gente siempre pedía cosas nuevas y las temporadas de bonanza iban y venían. Un día uno de sus empleados le habló de hacer tortillas de rescoldo y entre todos hicieron el intento de hacerlas en el horno, “me acuerdo todavía cuando captaba los primeros clientes en el cuento de las tortillas, pero jamás me imaginé que esto iba a prender tanto. San Pablo antes se dedicaba solamente a lo que eran las empanadas, pan de pascua y el pan. Nunca pensé crecer tanto”, recuerda.
El Mc Donalds pobre
Juan dice que ya está acostumbrado a que en la calle la gente le diga Pablo, mal que mal son ya 26 años marcando presencia en la ciudad con una variada gama de productos, entre los que se cuentan las empanadas, pasteles, panes de pascua, las humitas y, por supuesto, la tortilla. Todos ellos se ofrecen en los cuatro locales que Carreño tiene en Talca, con precios accesibles a todos los bolsillos, razón por la cual “San Pablo” es conocido como ‘El Mc Donalds pobre’.
Cuando se le pregunta si el camino del emprendedor es difícil, Juan asiente de inmediato. Para este comerciante, el año 2008 comienza con una gran derrota. Acostumbrado a tener un éxito inmediato en sus locales, el hecho de abrir un restaurante le llenó de orgullo, pero “nunca pensé que me iba a demandar tanta necesidad de atención al público y pocos ingresos, entonces me fue mal. Ahora el 2008 me dedico fuerte a la amasandería, que es la que realmente me ha dado”.
Orgullo de haber aprovechado oportunidades
Quien sea comerciante, y le dedique una vida entera a su negocio, como se lo ha dedicado este hombre al suyo, está consciente de que el esfuerzo al final resiente muchas cosas. Él lo sabe.
Su señora ha estado con él en todo momento y la familia crecía a medida que lo hacía el negocio, cuanta que debieron sacrificar un poco el cuidado de los hijos y en medio de ese sacrificio debieron pasar por el dolor de perder uno el año ’96 producto de la leucemia, este episodio les dio a entender que algo debía cambiar. Ahora, cuando la vida les ha regalado dos niños más, a los cuales se les da todo lo que no pudieron darle al pequeño que perdieron hace 11 años.
Actualmente, Juan dice que ya no es tan trabajólico como antes, ahora se relaja un poco más y se dedica a todo lo justo y necesario. Mirando hacia atrás se siente orgulloso de lo que ha logrado, de haber tenido las oportunidades y haberlas aprovechado para salir airoso a pesar de los dolores que le han afectado en el camino. Si se le pregunta por la posibilidad de expandirse hacia otras ciudades, él responde que no, que prefiere permanecer aquí porque no entiende a aquellos que trabajan y acumulan tanto dinero. Para él la vida debe funcionar de la siguiente manera: “Trabajar para vivir y no vivir para trabajar.”
Foto: San Pablo
Quien viva en Talca, o por lo menos quien haya estado de paso por aquí, no puede negar que para capear el hambre furtiva que suele atacar cerca del mediodía, o ya muy entrada la tarde, ha comido una rica tortilla jamón queso. Podríamos decir que, junto al completo, la tortilla es un alimento institucionalizado en la capital de la Séptima Región. Pero este prestigio generalizado no ha sido producto de una situación fortuita, los años, la costumbre y un hombre llamado Juan Carreño, han contribuido en gran parte a que esto sea posible.
A estas alturas usted se preguntará ¿Quién es Juan Carreño? Pues bien, la historia comienza hace más de 20 años, cuando este hombre llega como un empleado más a un local de amasandería llamado “San Pablo”. Con el paso del tiempo quiso independizarse y “por alguna equivocación o algo así, se me dio la oportunidad de arrendar el local. Lo arrendé un año y el mismo año lo estaba comprando”, cuenta.
¿Sabe ahora de quien estamos hablando?
“Nunca pensé que podía crecer tanto”
Todo este episodio en la vida de “San Pablo”, se enmarca en el entorno del Mercado Central, lugar donde se gestó y desarrolló toda su primera etapa de comerciante, la cual fue muy difícil, pues confiesa haber comenzado sin ser muy versado en esto de los negocios. Entre los añosos muros del lugar este hombre fue evolucionando lentamente hasta tener seis locales, pasó de comprar a terceros algunos de los productos que vendía, a fabricarlos el mismo y también pudo cumplir su gran sueño, pasar de la bicicleta al auto, “cargar las cosas en la bicicleta para mi era un verdadero sacrificio. El año ’90 ya logré comprarme mi camioneta y desde ahí no me paró nadie”, cuenta.
Cuando ya el emprendimiento de Juan iba de lo más bien, se dio cuenta de que tenía que innovar, porque la gente siempre pedía cosas nuevas y las temporadas de bonanza iban y venían. Un día uno de sus empleados le habló de hacer tortillas de rescoldo y entre todos hicieron el intento de hacerlas en el horno, “me acuerdo todavía cuando captaba los primeros clientes en el cuento de las tortillas, pero jamás me imaginé que esto iba a prender tanto. San Pablo antes se dedicaba solamente a lo que eran las empanadas, pan de pascua y el pan. Nunca pensé crecer tanto”, recuerda.
El Mc Donalds pobre
Juan dice que ya está acostumbrado a que en la calle la gente le diga Pablo, mal que mal son ya 26 años marcando presencia en la ciudad con una variada gama de productos, entre los que se cuentan las empanadas, pasteles, panes de pascua, las humitas y, por supuesto, la tortilla. Todos ellos se ofrecen en los cuatro locales que Carreño tiene en Talca, con precios accesibles a todos los bolsillos, razón por la cual “San Pablo” es conocido como ‘El Mc Donalds pobre’.
Cuando se le pregunta si el camino del emprendedor es difícil, Juan asiente de inmediato. Para este comerciante, el año 2008 comienza con una gran derrota. Acostumbrado a tener un éxito inmediato en sus locales, el hecho de abrir un restaurante le llenó de orgullo, pero “nunca pensé que me iba a demandar tanta necesidad de atención al público y pocos ingresos, entonces me fue mal. Ahora el 2008 me dedico fuerte a la amasandería, que es la que realmente me ha dado”.
Orgullo de haber aprovechado oportunidades
Quien sea comerciante, y le dedique una vida entera a su negocio, como se lo ha dedicado este hombre al suyo, está consciente de que el esfuerzo al final resiente muchas cosas. Él lo sabe.
Su señora ha estado con él en todo momento y la familia crecía a medida que lo hacía el negocio, cuanta que debieron sacrificar un poco el cuidado de los hijos y en medio de ese sacrificio debieron pasar por el dolor de perder uno el año ’96 producto de la leucemia, este episodio les dio a entender que algo debía cambiar. Ahora, cuando la vida les ha regalado dos niños más, a los cuales se les da todo lo que no pudieron darle al pequeño que perdieron hace 11 años.
Actualmente, Juan dice que ya no es tan trabajólico como antes, ahora se relaja un poco más y se dedica a todo lo justo y necesario. Mirando hacia atrás se siente orgulloso de lo que ha logrado, de haber tenido las oportunidades y haberlas aprovechado para salir airoso a pesar de los dolores que le han afectado en el camino. Si se le pregunta por la posibilidad de expandirse hacia otras ciudades, él responde que no, que prefiere permanecer aquí porque no entiende a aquellos que trabajan y acumulan tanto dinero. Para él la vida debe funcionar de la siguiente manera: “Trabajar para vivir y no vivir para trabajar.”
Foto: San Pablo
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