
Tuve con él conversaciones personales profundas, algunas irrepetibles y siempre lo sentí autentico, afectuoso, comprometido.
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Escrito por Gabriel Rodríguez
Mi recuerdo más antiguo de Don Carlos es por el año 1969 en la Casa de Ejercicios de Talca. Yo cursaba las humanidades en el Liceo de Hombres y acudí junto a un grupo de militantes del MAPU para hablar con el Obispo. Impertinentes y fogosos seguramente fuimos a molestar a horas inapropiadas, pues la imagen que conservo es del Obispo escuchándonos pacientemente sentado en su cama. Le solicitábamos que autorizara al P. Guido Lebret para ser candidato a diputado por Talca. Ingenuidades juveniles de los sesenta en que “ser realista era pedir lo imposible”. Quedó de pensarlo, no fue un no rotundo. Años después comprendí que era una idea inviable para la disciplina de la Iglesia. Me fui a estudiar a Santiago y los años corrieron veloces. Vino el gobierno del Presidente Allende, el golpe, la feroz dictadura militar.
No se cuando volví a verlo, pero la situación del país había cambiado dramáticamente. Durante un tiempo me dediqué a ayudar a algunos perseguidos, presentando recursos de amparo que nadie acogía. La Iglesia creaba el Comité pro Paz y después la Vicaria de la Solidaridad. Varios ex compañeros de Universidad trabajaron allí. Creo que Don Carlos y quienes trabajaban en esos tiempos en estos temas salvaron muchas vidas. Entre nosotros surgió una amistad leal, mezclada con admiración no exenta de diferencias. Mi afición y la suya a la lectura y la escritura fue un punto de encuentro. Generalmente me regalaba sus libros y me recomendaba otros. Visto desde la perspectiva del tiempo creo que ambos sentíamos una profunda repulsión por cualquier dictadura y una visión crítica de un modelo económico concentrador y generador de pobreza y marginalidad. La figura de Cristo defensor de los débiles y anunciando un reino de justicia y paz suscitaba la energía y el valor para enfrentar los peligros de esos años. Algunas veces lo vi muy cansado, pero siempre sonriente, con una sabiduría que a veces resultaba incomprensible. En un tiempo solía decir ante la impotencia frente al sufrimiento “el dolor es para que duela”. Me tomó tiempo comprender el sentido profundo de esa frase, el dolor como revelación de lo verdaderamente importante, como camino de valoración de las cosas simples de la vida. No recuerdo haberlo visto con temor. Decía “el miedo golpeó la puerta, la fe salió a abrir y no encontró a nadie”.
Llegaba a los lugares más insólitos donde un grupo de jóvenes o campesinos requería su presencia. Tuve conversaciones personales profundas, algunas irrepetibles y siempre lo sentí autentico, afectuoso, comprometido. Creo que había temas que no le gustaba tratar, pero que seguramente debía enfrentar. Jamás hablamos de dinero, creo que nunca simpatizó con la censura de ningún tipo, le dolía el dolor de los familiares de víctimas de derechos humanos. Siempre sentí un profundo respeto a mi conciencia de laico y adulto. Comprendía perfectamente la necesidad de actuar en el mundo social y político. Estuvo cerca en momentos felices y en momentos difíciles.
El año 2000 escribimos su biografía con la periodista Luz Eliana Morales. Había dejado hacía unos años su cargo de Obispo Diocesano y nos reunimos semanalmente durante unos meses en su casa para conversar. Fue una experiencia enriquecedora y llena de humanidad. Sin embargo nadie quiso publicar el libro. Ni editoriales de la Iglesia, ni independientes. Finalmente publicamos la primera parte nosotros mismos en una pequeña imprenta talquina. Fue nuestro homenaje a una vida entregada a su fe y a los demás. La segunda parte nunca fue publicada por falta de recursos.
En estos días y en la vorágine del trabajo le envié una breve nota de gratitud que espero haya podido leer o escuchar. La enfermedad avanzó más rápido de lo que yo esperaba.
Una vez me entregó unos textos muy personales que conservo como un tesoro. Fue una especie de legado. No se si son los únicos y si algún día serán publicados. La última vez que conversamos hablamos sobre la muerte, me recordó que “nadie sabe el día ni la hora”.
No quiero pensar que sufrió o en la angustia, que a pesar de la fe todos experimentamos ante situaciones de alejamiento. La muerte es un momento trascendental de soledad, de desarraigo, a pesar de la esperanza.
Su contribución al país y a una nueva Iglesia solo será valorada con la perspectiva del tiempo. Su huella continúa la obra del P. Hurtado, Mons. Manuel Larraín, Mons. Silva Henríquez. No soy teólogo para sintetizar su aporte, pero creo que tiene que ver con una iglesia más humilde, menos soberbia, más tolerante, menos dueña de la única verdad.
Querido Don Carlos, espero que toda su esperanza y su fe reciban el premio de una nueva vida sin males. En el cielo lo esperan muchos amigos que se han ido antes. No olvide a quienes siguen trabajando para que el mundo sea un poco más justo.
Estoy seguro que si Dios existe, lo esta esperando con los brazos abiertos.
Última Actualización: 18 de Marzo 2010 01:34:37 AM
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2 Comentarios
Carlos Ruiz Rodríguez:
Publicado en: Miércoles 12 de Noviembre 2008 11:15:38 AM
Querido Gabriel, gracias por evocar a don Carlos y al padre Guido Lebret. La tierra necesita de gente como ellos. No es una ingenuidad de los sesenta creer en que es posible un mundo mejor con gente de fe limpia actuando en el "siglo", en la política. Es una exigencia del Evangelio y tiene sus recompensas en el Reino, que será para los que luchen por la justicia en la tierra. Hoy mismo tenemos en Paraguay de presidente a un obispo, a falta de laicos más comprometidos. Visita el blog mapuenlalucha, no estábamos muertos, andábamos de parranda. Un abrazo fraternal.rodolfo emma rins:
Publicado en: Miércoles 21 de Octubre 2009 10:05:42 AM
Que Alegría!!!! Durante las vacaciones de tres años tuve la gran suerte de conocer a Don Carlos y trabajar en el Despertar con Guido en Talca y viajar con él en su viejo Bedford desde Puerto Mont hasta Santiago con cargas de lo mas insólitas!!! Pero la mejor "carga" fue conocer a estos dos personajes de gran fe en el hombre y en Dios. Guardo el mejor de los recuerdos de una enseñanza permanente por vivir a su lado. Gracias Don Carlos Gracias Guido.La solidaridad tiene mayor sentido al haberlos conocido ycomo dice Gabriel "si Dios existe los ha esperado con los brazos abiertos " Rodolfo