Maule: de agricultura tradicional a potencia agroalimentaria
El Maule se merece salir del fondo de todas las listas de indicadores nacionales. Es increíble que ocupe el último lugar en eficiencia del gasto del FNDR, cuente además con el mayor número de discapacitados y pobreza. Por Marcelo Trivelli
La Región del Maule se merece salir del fondo de todas las listas de indicadores nacionales. Es increíble que ocupe el último lugar en eficiencia del gasto del FNDR, cuente además con el mayor número de discapacitados y pobreza y con una tasa de analfabetismo que es el doble de la del país.
A lo anterior, se suma el estudio que dio a conocer la Superintendencia de Pensiones, que muestra que la Región del Maule es la que presenta el menor sueldo (promedio) imponible de Chile -$322.358- muy lejos de la región minera de Antofagasta -$607.636- que ocupa el primer lugar de la lista.
Estos indicadores demuestran una vez más cómo la Región del Maule se ha ido quedando atrás por la falta de liderazgo, innovación y coordinación entre el Estado, las Universidades y los privados. Es urgente implementar incentivos al emprendimiento, que se traduzcan en mayor productividad y también, en un mayor valor agregado a la producción realizada por los distintos sectores.
La principal actividad económica de la región del Maule es la agricultura. Si bien ha mejorado en los últimos años, aún estamos lejos de generar empleos de calidad que signifiquen alta productividad y mejores sueldos. Hoy tenemos el desafío de pasar de la agricultura tradicional a ser una potencia agroalimentaria.
Sólo a manera de ejemplo, en su visita a Chile, el príncipe Carlos, promovió la producción de productos orgánicos, por cuanto el crecimiento de su consumo en los mercados desarrollados va en aumento. De esta manera vemos cómo la reconversión de la agricultura tradicional es una oportunidad cierta para dar más y mejores empleos en la región.
La solución es conocida, pero no puede ser asumida sólo por los agricultores. Tenemos que ser capaces de mejorar la colaboración entre todos los actores de la región incluyendo también a las universidades regionales que deben asumir su liderazgo en estas materias.
La principal característica de la pobreza y del subdesarrollo son el trabajo poco colaborativo y la ausencia de confianzas entre actores relevantes. El progreso no llegará desde fuera de la región sino que dependerá de la capacidad del trabajo conjunto de los sectores productivos, políticos, académicos y laborales. Solo así seremos capaces de ampliar mercados, exportar productos con mayor valor agregado e ir saliendo de los últimos lugares de las estadísticas.
Soy un convencido que el Maule puede más. Necesitamos más decisión e innovación y por sobre todo, atrevernos a asumir el desafío de que el Maule sea el motor del proyecto “Chile Potencia Agroalimentaria”, que planteara el ex rector de la Universidad de Talca, Alvaro Rojas. Solo así crearemos más oportunidades, generando nuevos puestos de trabajo que sean mejor pagados para todos los maulinos y permitan hacer crecer una región que tiene todo el potencial para ello.
A lo anterior, se suma el estudio que dio a conocer la Superintendencia de Pensiones, que muestra que la Región del Maule es la que presenta el menor sueldo (promedio) imponible de Chile -$322.358- muy lejos de la región minera de Antofagasta -$607.636- que ocupa el primer lugar de la lista.
Estos indicadores demuestran una vez más cómo la Región del Maule se ha ido quedando atrás por la falta de liderazgo, innovación y coordinación entre el Estado, las Universidades y los privados. Es urgente implementar incentivos al emprendimiento, que se traduzcan en mayor productividad y también, en un mayor valor agregado a la producción realizada por los distintos sectores.
La principal actividad económica de la región del Maule es la agricultura. Si bien ha mejorado en los últimos años, aún estamos lejos de generar empleos de calidad que signifiquen alta productividad y mejores sueldos. Hoy tenemos el desafío de pasar de la agricultura tradicional a ser una potencia agroalimentaria.
Sólo a manera de ejemplo, en su visita a Chile, el príncipe Carlos, promovió la producción de productos orgánicos, por cuanto el crecimiento de su consumo en los mercados desarrollados va en aumento. De esta manera vemos cómo la reconversión de la agricultura tradicional es una oportunidad cierta para dar más y mejores empleos en la región.
La solución es conocida, pero no puede ser asumida sólo por los agricultores. Tenemos que ser capaces de mejorar la colaboración entre todos los actores de la región incluyendo también a las universidades regionales que deben asumir su liderazgo en estas materias.
La principal característica de la pobreza y del subdesarrollo son el trabajo poco colaborativo y la ausencia de confianzas entre actores relevantes. El progreso no llegará desde fuera de la región sino que dependerá de la capacidad del trabajo conjunto de los sectores productivos, políticos, académicos y laborales. Solo así seremos capaces de ampliar mercados, exportar productos con mayor valor agregado e ir saliendo de los últimos lugares de las estadísticas.
Soy un convencido que el Maule puede más. Necesitamos más decisión e innovación y por sobre todo, atrevernos a asumir el desafío de que el Maule sea el motor del proyecto “Chile Potencia Agroalimentaria”, que planteara el ex rector de la Universidad de Talca, Alvaro Rojas. Solo así crearemos más oportunidades, generando nuevos puestos de trabajo que sean mejor pagados para todos los maulinos y permitan hacer crecer una región que tiene todo el potencial para ello.
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