Peleas de Políticos
Quien impuso el chilenismo, con todas sus letras, fue don Arturo Alessandri Palma. Hasta su súbita irrupción en la política, los discursos, gestos y las pugnas se daban en el lenguaje más académico posible. Por Jaime González Colville
El encontrón de Camilo Escalona y José Antonio Gómez, con un intercambio de improperios y recuerdos a los parientes, es un pálido reflejo de las memorables peleas que registra el anecdotario de nuestra historia política, hoy tan aburrida, que escenas como la comentada, acaparan primeras páginas en la prensa.
Quien impuso el chilenismo, con todas sus letras, en la vida cívica fue don Arturo Alessandri Palma. Hasta su súbita irrupción en la política, los discursos, gestos y las pugnas se daban en el lenguaje más académico posible. Remotamente se tienen referencias de Portales, quien solía denominar por su exacto cailificativo a quien juzgaba de poca virilidad.
En su postulación a senador por el Norte, en 1915, Alessandri enfrentó amenazas, atentados e intervención descarada del gobierno, los que el joven candidato desafío, a veces, con armas en la mano.
En su candidatura de 1920, bajó el lenguaje al pueblo. Sin grandes ditirambos, trató a sus electores de “chusma inconsciente” y garabateó sin ambages a sus adversarios. En la memorable campaña de su primera candidatura, mientras venía del sur en tren, se le advirtió que tenía contramanifestaciones en la estación de Putagán, cerca de Linares, donde la oligarquía había reunido a numerosos huasos para abuchearlo. Pero Alessandri ordenó detener el convoy, salió a la plataforma del carro y ante los insultos y gritos, levantó una de sus manos para decirles: “Hijos de…Puta…gán”, tras un momento de estupefacto silencio, todos aplaudieron.
En su segunda presidencia, eran famosas sus audiencias a los sindicatos que llegaban a pedirle aumento de sueldo. Solía increparlos sin miramientos. Al salir, los trabajadores decían, sonrientes: “Nos garabateó don Arturito”.
Hombre de tenaces enemigos, don Arturo era atacado sistemáticamente por Ismael Edwards Matte, quien tenía un programa radial denominado “El Vigía del Aire”, donde ridiculizaba al Mandatario. Un día ambos se encontraron en la Alameda y Edwards trató de pasar inadvertido, pero Alessandri, bastón en alto, se le fue encima gritándole: “Dime algo ahora, maricón, para apalearte”, mientras el atacado se escabullía.
Poco después, un partidario del Mandatario derramó sobre Edwards un envase con excrementos en plena Ahumada. Esa noche, al empezar su crónica, éste dijo: “Hoy, mientras caminaba por la calle, me cayó encima el alma de don Arturo”.
Jorge González von Mares (1900-1962) no vaciló en sacar un revolver en el Congreso el 21 de mayo de 1938, mientras Alessandri leía su último mensaje al país. El disparo dio en el techo y debió autorizarse el ingreso de la fuerza pública para evitar que siguiera haciendo fuego. En 1941, siendo parlamentario, González protagonizó un grave incidente entre partidarios del partido nacista, del que era líder, y militantes radicales. En pocos minutos los disparos cruzaban el aire. El ministro del interior, Oscar Olavarria ordenó detenerlo, pero González, refugiado en su casa, agotó su batería de disparos. El gobierno resolvió internarlo en la Casa de Orates (hospital siquiátrico de hoy) sin embargo la Corte Suprema dispuso su libertad inmediata.
El caso más dramático es el del diputado Guillermo Eyzaguirre Rouse. Defensor de las libertades públicas, fue enviado a Castro a supervisar el derecho a sufragio de los ciudadanos en las elecciones presidenciales de 1915. Enfrentado a la intervención de la Moneda, no vaciló en batirse a duelo con uno de los activistas, muriendo de un disparo el 23 de junio de 1915, a los 32 años de edad.
Salvador Allende, era senador y ya candidato a la presidencia en 1952, cuando se discutía en el congreso el sueldo de los obreros de Sewell. Se enfrascó en una discusión subida de tono con el senador Raúl Rettig, hasta que aquél, tras varios improperios, le trató de “radical ladrón”, a lo que el ofendido le respondió retándolo a duelo con pistola. Se designaron padrinos: por Rettig fueron Hernán Figueroa y Ulises Correa y por Allende, Astolfo Tapía y Armando Mallett. Como el gobierno ordenó a la policía evitar el hecho, los contrincantes, secretamente, se encontraron en una chacra de Macul a las 6 de la mañana del 6 de agosto de 1952. Rettig disparó primero y Allende cayó. Todos se acercaron creyéndolo herido, pero el senador había resbalado en el barro. Algunos sostienen que se batieron por una dama, a quien ambos pretendían.
El reciente intercambio de insultos y algún eventual empujón entre los dos senadores, como se advierte, es un juego de niños al lado de los hechos protagonizados por los políticos de antaño.
Quien impuso el chilenismo, con todas sus letras, en la vida cívica fue don Arturo Alessandri Palma. Hasta su súbita irrupción en la política, los discursos, gestos y las pugnas se daban en el lenguaje más académico posible. Remotamente se tienen referencias de Portales, quien solía denominar por su exacto cailificativo a quien juzgaba de poca virilidad.
En su postulación a senador por el Norte, en 1915, Alessandri enfrentó amenazas, atentados e intervención descarada del gobierno, los que el joven candidato desafío, a veces, con armas en la mano.
En su candidatura de 1920, bajó el lenguaje al pueblo. Sin grandes ditirambos, trató a sus electores de “chusma inconsciente” y garabateó sin ambages a sus adversarios. En la memorable campaña de su primera candidatura, mientras venía del sur en tren, se le advirtió que tenía contramanifestaciones en la estación de Putagán, cerca de Linares, donde la oligarquía había reunido a numerosos huasos para abuchearlo. Pero Alessandri ordenó detener el convoy, salió a la plataforma del carro y ante los insultos y gritos, levantó una de sus manos para decirles: “Hijos de…Puta…gán”, tras un momento de estupefacto silencio, todos aplaudieron.
En su segunda presidencia, eran famosas sus audiencias a los sindicatos que llegaban a pedirle aumento de sueldo. Solía increparlos sin miramientos. Al salir, los trabajadores decían, sonrientes: “Nos garabateó don Arturito”.
Hombre de tenaces enemigos, don Arturo era atacado sistemáticamente por Ismael Edwards Matte, quien tenía un programa radial denominado “El Vigía del Aire”, donde ridiculizaba al Mandatario. Un día ambos se encontraron en la Alameda y Edwards trató de pasar inadvertido, pero Alessandri, bastón en alto, se le fue encima gritándole: “Dime algo ahora, maricón, para apalearte”, mientras el atacado se escabullía.
Poco después, un partidario del Mandatario derramó sobre Edwards un envase con excrementos en plena Ahumada. Esa noche, al empezar su crónica, éste dijo: “Hoy, mientras caminaba por la calle, me cayó encima el alma de don Arturo”.
Jorge González von Mares (1900-1962) no vaciló en sacar un revolver en el Congreso el 21 de mayo de 1938, mientras Alessandri leía su último mensaje al país. El disparo dio en el techo y debió autorizarse el ingreso de la fuerza pública para evitar que siguiera haciendo fuego. En 1941, siendo parlamentario, González protagonizó un grave incidente entre partidarios del partido nacista, del que era líder, y militantes radicales. En pocos minutos los disparos cruzaban el aire. El ministro del interior, Oscar Olavarria ordenó detenerlo, pero González, refugiado en su casa, agotó su batería de disparos. El gobierno resolvió internarlo en la Casa de Orates (hospital siquiátrico de hoy) sin embargo la Corte Suprema dispuso su libertad inmediata.
El caso más dramático es el del diputado Guillermo Eyzaguirre Rouse. Defensor de las libertades públicas, fue enviado a Castro a supervisar el derecho a sufragio de los ciudadanos en las elecciones presidenciales de 1915. Enfrentado a la intervención de la Moneda, no vaciló en batirse a duelo con uno de los activistas, muriendo de un disparo el 23 de junio de 1915, a los 32 años de edad.
Salvador Allende, era senador y ya candidato a la presidencia en 1952, cuando se discutía en el congreso el sueldo de los obreros de Sewell. Se enfrascó en una discusión subida de tono con el senador Raúl Rettig, hasta que aquél, tras varios improperios, le trató de “radical ladrón”, a lo que el ofendido le respondió retándolo a duelo con pistola. Se designaron padrinos: por Rettig fueron Hernán Figueroa y Ulises Correa y por Allende, Astolfo Tapía y Armando Mallett. Como el gobierno ordenó a la policía evitar el hecho, los contrincantes, secretamente, se encontraron en una chacra de Macul a las 6 de la mañana del 6 de agosto de 1952. Rettig disparó primero y Allende cayó. Todos se acercaron creyéndolo herido, pero el senador había resbalado en el barro. Algunos sostienen que se batieron por una dama, a quien ambos pretendían.
El reciente intercambio de insultos y algún eventual empujón entre los dos senadores, como se advierte, es un juego de niños al lado de los hechos protagonizados por los políticos de antaño.
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Felicitaciones por
Felicitaciones por recordarnos los valores del pasado que hoy se pisotean descaradamente por tantos sujetos que se dedican a la polìtica; sin principios claros se cambian de bando con facilidad; sin escrùpulos se adueñan de dineros del estado; por obtener votos venden ilusiones en campañas de gastos millonarios; no sienten verguenza que la justicia los siente en el banquillo de acusados; por todo esto resulta comorensible la actitud indiferente que en polìtica demuestran tantos jovenes de nuestra patria.
ESOS ERAN POLITICOS
ESOS ERAN POLITICOS VALIENTES, NO LOS "POLITICAMENTE CORRECTOS" HONORABLES DE HOY...
CUANTA FALTA NOS HACEN ESOS VALIENTES DE ANTAÑO.
WOw... solo comentaba para
WOw... solo comentaba para felicitarte por la Nota, esta muy buena en verdad...
Vamos señor Dachelet,
Vamos señor Dachelet, cuéntenos algo a nivel local. Seguro que en el municipio se habrá vivido más de alguna vez una situación digna de compartir...
Una vez màs Don Jaime
Una vez màs Don Jaime Gonzàlez Colville nos deleita con su pluma recordandonos la historia y hoy lo hace con las peleas de los polìticos. La verdad es que hoy como ayer en la Càmara de Senadores y la de Diputa-
dos se han registrado incidentes, como igualmente
entre parlamentarios, ministros y naturalmente entre candidatos y pre candidados.
La condiciòn humana siempre nos estarà soplando al oìdo nuestras debilidades y como personas imperfec-
tas la falta muchas veces de tolerancia que se registra
en el diario vivir, incluso entre familiares y socios.
La pasiòn puede mucho màs que la inteligencia. Anò-
nimo.
Concejal de Talca.