Marcelo Salas: El ad11os de un ídolo
El martes partió como siempre. Lo único que cambió fue que desde temprano las camisetas azules estaban aflorando.
En la tarde comenzamos la travesía que nos llevó hasta el Nacional. Salimos del departamento a las 18:15 horas, previa detención en un local de comida rápida. Metro desde República a Baquedano y de ahí combinación a Línea 5.
Baquedano era un caos. Todo el pueblo azul no se quería perder el partido. Como pudimos nos encaramamos, literalmente, en un vagón del Metro. Como era la despedida del único gran ídolo nacional, máximo goleador de la selección chilena y un azul de corazón: todos los trenes del Metro se detuvieron en la Estación Ñuble.
Desde Ñuble al Nacional todo fue cantos y vítores para el Matador. Una verdadera masa de gente que no se quería perder el último ad11os de un grande, que se despedía con su gente, con sus amigos y con esa hinchada que jamás lo dejó de alentar.
Ahí estábamos. Después de pasar los controles necesarios y de correr un resto, llegamos al Nacional y estábamos en el Codo Sur, con nuestras poleras, unas bufandas que compramos camino al estadio, la cámara de fotos y mi celular listo para twitear el evento deportivo.
Los cánticos de la barra no se hicieron esperar. Llegaron los bombos y los fuegos artificiales comenzaron a salir desde las galerías. Los flashes de las cámaras se veían cada vez que desde los codos comenzaban a desplegarse las banderas para Matador.
Cuando matador salió a la cancha las 65 mil gargantas que estaban en el Nacional reventaron en un solo grito: Matador, matador, dale Matador. Y luego vino el cántico que todos coreamos: Salas, Salas querido, Los de Abajo Jamás te olvidarán.
Luego de los homenajes, el Matador fue a saludar a su hinchada. En una tarima dispuesta especialmente para eso, Salas saludó al Codo Sur. Esa misma hinchada que vibró con cada gol del Matador.
Yo estaba ahí, gritando casi ya sin voz. Saludando al ídolo, al gran capitán azul, al mismo de la Roja de Todos, ese que nos hizo vibrar en Francia 98 con sus goles, el mismo que nos regaló una joya en la Catedral del Fútbol, el que se despedía de su hinchada, un ad11os merecido, un ad11os que sólo el gran Matador se merecía.
Me gustaría transmitir mis emociones, pero no es posible. Ver a todo el Nacional repleto de azul, gritando por el ídolo que decía ad11os al fútbol, es indescriptible. La sensación de escuchar el bombo y ver los fuegos artificiales retumbar en el Nacional, mientras Matador se despedía y daba las gracias, francamente me puso los pelos de punta.
Comenzó el fútbol y la hinchada azul, también rindió un homenaje a quienes vistieron la camiseta de mis amores. Ahí estaba el Leo Rodríguez, uno de los más grandes 10 que ha tenido el Bulla poniendo fútbol como siempre lo hizo.
Cuando Luis Musrri, pisó el césped del Nacional, las 65 mil almas que estábamos ahí nos pusimos de pie y el cántico del Codo Sur no se hizo esperar para agradecer al gran Capitán Azul.
Hubo pifías, obvio que sí. Cuando los chicos reality salieron a la cancha y cada vez que tocaron el balón, el Nacional completo rechinaba, pero eso daba lo mismo. La hinchada azul estaba con su ídolo, que decía ad11os.
Salas nos regaló lo mejor de su repertorio, un gol de cabeza, uno de jugada y uno de penal y como en los viejos tiempos su dedo apuntando el cielo, nos regaló la fiesta.
La despedida del Matador Salas from gbustamante on Vimeo.
Nada más que decir, simplemente gracias Matador.



Juan José soy hincha de
Juan José soy hincha de Universidad de Chile desde que tengo uso de razón, de Curicó Unido por adopción, aprendí a querer al albirojo desde que estaba en tercera división.
Eso no me hace ni mejor ni peor hincha solo que mi corazón está dividido. Es algo así como el amor de un padre a sus dos hijos, a los dos lo ama con la misma intensidad
Saludos!
Vaya Guillermo, tienes doble
Vaya Guillermo, tienes doble militancia futbolística, algo inconcebible para mi, no podría tener otro amor más que Rangers.