La contienda electoral entra en tierra derecha, los candidatos toman posición hacia un maratón de largo aliento, mientras el electorado se deja seducir de acuerdo a sus necesidades no cubiertas.
Con la llegada del invierno y contrariamente al frío de la temperatura ambiente, el termómetro político roza los síntomas de la gripe humana, las campañas alcanzan puntos álgidos en donde los actores políticos reacomodan sus escenarios en busca de acercar más agua a sus molinos y menos hojas a las canaletas de sus propuestas.
La política suele ser intrínsicamente discursiva, y lejana a la sinceridad y no es que esto represente un disvalor en si mismo, sino que representa una realidad difícil de explicar a la ciudadanía en pocas palabras, por tanto se opta por adornar los intereses en forma de “ideas fuerza”.
Nadie debería sorprenderse al constatar que todos los candidatos al sillón presidencial se mueven por intereses personales y colectivos, en política no existen los valores supremos como escuchamos a cada rato, lo que existe en realidad es la racionalidad puesta al servicio de un consenso más o menos masivo. Lo que une a un país no es su identidad cultural sino que la mayoría del colectivo social está de acuerdo en que un conjunto de conceptos son necesarios y fundamentales para su nación y por ende para la paz social.
El fenómeno
Marco Henríquez como ha llamado cierta parte de la prensa al ex concertacionista, y a quien he querido rebautizar cono
el “Quinto Beatle”, representa la compulsividad puesta al servicio del protagonismo. Henríquez-Ominani pasó de ser un “simple realizador de películas” como dijo hace poco una ex primera dama, a un díscolo integrante de un grupo que sonaba bien, pero que con el paso del tiempo comenzó a desafinar. Marco desde el anonimato de su quinta guitarra se abrió paso en la selva del establishment oficialista y abrió fuego contra la dictadura de un partido que anquilosó su ideario por el afán de conservar el poder a cualquier precio. MEO vio en este hecho una oportunidad y se lanzó a encontrar su destino en este nuevo escenario político, y poco a poco ha logrado sortear sus propias dudas para ser hoy un talentoso “Quinto Beatle”.
Sebastián Piñera apenas supo que los votos de la izquierda extraparlamentaria le darían el triunfo a Bachelet comenzó a planificar su estrategia de campaña 2009, tejió lazos con sus aliados de la UDI para asegurar de este modo su respaldo, y encendió las luces de un cambio, del agotamiento y atrofia que producen 20 años de gobierno.
Piñera o Rico MacTatan como lo paso a llamar, tiene un flanco de ataque abierto como una herida y que es precisamente su gran fortuna. Cierta parte de la sociedad suele mirar con recelo a quien acumula éxito financiero a lo largo de su vida, no es raro escuchar teorías siniestras de cómo una persona llega a mejorar su estándar de vida, y no sólo pasa a nivel de grandes empresarios, cualquier hijo de vecino que suba en la escala social es víctima de subjetivas investigaciones que muchas de las veces tienen claros sesgos de envidia. Quizás el mayor aval de Piñera para querer ser un gran Presidente de Chile es que está consciente que un mal gobierno suyo cerraría las puertas de la Moneda por 100 o más años para la centroderecha.
Piñera representa al igual que MEO un cambio, el primero es de coalición gobernante, el segundo es generacional, es en este escenario donde el candidato oficialista presenta su mayor flaqueza. Frei no representa cambio de nada, ni siquiera de rostro, Frei representa el continuismo de un conglomerado político que sólo está unido en aras de gobernar 4 años más, he ahí la razón del notorio y claro estancamiento de Frei en las encuestas, que
ve con peligro como su candidatura puede naufragar en las bravías aguas de un “Mar díscolo” que a la altura de unos meses más de navegación podrían transformarlo en un ex candidato a la presidencia de nuestro país o en el último representante de su “especie”, una raza política que se niega a morir como los Ona.
Frei marcado por la historia de un notable político como fue su padre, busca en algo superar a su mentor y ser dos veces Presidente de Chile, pero olvida que la cantidad no se transforma en una cualidad, ni menos en el liderazgo que hoy se necesita para conducir un país a la modernidad.
Desde el balcón de un ciudadano común estimo que en enero de 2010 se elegirá al futuro Presidente de Chile dentro de los 2 candidatos que representan el cambio, el cambio con plataforma política que representa Piñera y el cambio generacional que representa Henríquez-Ominami.
1 Comentario
Andres del Rio:
Publicado en: Viernes 19 de Junio 2009 05:11:20 PM
M.E.O. encausa el disconformismo con la politica tradicional, de gobierno y oposicion. Sus votos (intencion de) vienen mas de Piñera que de Frei (él ha subido a costa de un descenso de Piñera). Pero no alcanza la altura para llegar a segunda vuelta, y menos para ser presidente. Queremos cambios, pero no somos bananeros.Tatan McRico, mejor dicho, la alianza (RN-UDI), tienen una oportunidad historica para llegar al poder. El obstaculo es Tatan McRico, que genera muchos anticuerpos en el mundo empresarial (por su enriquecimiento al limite de la legalidad, e incluso fuera de la ley; de hecho ha debido pagar enormes multas por delitos economicos), y tambien en el mundo popular, que tampoco confian mucho en un empresario millonario, que parte de su riqueza surge del endeudamiento de muchos chilenos en las tarjetas de credito.
Frei, representa la continuidad de lo malo, pero tambien de lo bueno, de la concertacion. No tiene la estatura de su padre. Dentro de la pobreza de candidatos, es el mal menor, y es posible que gane.