Navidad para reflexionar

Por cierto, la vorágine del consumismo nos aleja -en medida considerable- del real sentido de ésta efeméride, altamente significativa para el mundo cristiano. por Jorge Navarrete Bustamante
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26 de Diciembre, 2009 08:12
Navidad, viene del latín nativitas, que significa \'nacimiento\', aludiendo al nacimiento de Jesús en Belén. Y aunque para algunos historiadores la celebración de la Navidad histórica debería situarse en primavera (entre abril y mayo), y para otros, siguiendo el relato de Lucas 2:8, indican que la noche del nacimiento de Jesús, los pastores cuidaban los rebaños al aire libre y que el cielo estaba lleno de estrellas, es poco probable que este acontecimiento hubiera ocurrido en el invierno (hemisferio norte); la Iglesia cristiana mantiene el 25 de diciembre como fecha convencional, puesto que en la primavera u otoño la Iglesia celebra la Pascua.
Aparte del origen cristiano de la Navidad, esta fiesta ha ido combinando su carácter religioso con la tradición de convivencia familiar.
Efectivamente, desde el siglo XIX la Navidad empieza a afianzarse con el carácter que tiene hoy día, pues se popularizó la costumbre del intercambio de regalos; se creó a Santa Claus y regalar tarjetas de Navidad. Costumbres que con el tiempo la mercadotecnia aprovecharía para expandir la Navidad por el mundo dándole un carácter alternativo al religioso, y con temas diversos a la tradicional celebración navideña.
La Navidad es celebrada entonces por los cristianos, pero también por los no cristianos; y también por los agnósticos y ateos, asignándole éstos a la navidad una connotación más de convivencia social y familiar, en el marco de un contenido valórico tal vez alternativo pero en el fondo coincidente.
Cierto. Para los religiosos, la navidad es el nacimiento del hijo de Dios. Para los no religiosos es el nacimiento de un ser sobresaliente que trajo un mensaje de Amor y de Paz, y que pago con su propia vida su consecuencia con los principios y valores que propaló y practicó.
La profundidad del “Sermón de la Montaña”, es aún hoy día una tarea pendiente para todos quienes se comprometen con los valores más alto del humanismo.
El otro día caminando por la una sur me pareció algo injusto que en nuestros hogares nos olvidemos de los Valores, pues son estos precisamente lo que le dan sentido a nuestras vidas.
A veces las personas se encandilan con las cosas, y/o también con otras personas (que a la larga terminan por decepcionarnos), y no con ideales, principios ni valores morales.
He escuchado decir “prefiero ese automóvil a la solidaridad”… evidenciando que él tiene el deseo como medida de Valor, y no el Valor como medida del deseo. Qué triste ¿Verdad?
En ésta Navidad, más allá de las ventas y regalos, no nos olvidemos del mensaje del Hombre humilde y profundo de Galilea, sea usted religioso o no, pues son al fin y al cabo, los valores, los sentimientos, y no las cosas, las que mueven al ser humano verdadero y, en definitiva, al mundo en que vivimos.
¡Feliz Navidad!
Jorge Navarrete *MBA. Universidad de Talca.

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