La inapelable derrota de la Concertación
La diferencia de 200 mil votos es rotunda. Ya habrá tiempo para analizar las cuasas, lo importante es poner la mirada en lo que viene. Por Rodolfo Schmal.
La semana se inició con la 2a vuelta de las elecciones presidenciales, cuyos resultados confirmaron los que arrojaban las encuestas, aunque los adherentes de la candidatura de la Concertación no perdían la esperanza de obtener un resultado favorable, “por nariz”. Por primera vez en 20 años, la Concertación perdía las elecciones presidenciales.
Nos falta perspectiva histórica para identificar sus causas. Es un error pretender encontrar culpables, porque ellos por sí mismos no son suficientes para explicar la derrota. Me atrevería a poner sobre la mesa como una de las causas más fuertes, una suerte de agotamiento de energía, ideas, proyectos, personas, o lo que es lo mismo, una ausencia de renovación, de puesta al día de los sueños originarios y de nuevos portadores de ellos. No parece suficiente invocar logros si no van acompañados de nuevas propuestas.
El soberano, el pueblo, quiso colocar a la Concertación en la oposición: ese es el rol que deberá jugar en los próximos 4 años. Para estar a la altura de dicho rol será indispensable resistir los cantos de sirena que desde ya se dejan sentir.
Desde ya se pregona la conveniencia de un gobierno de unidad nacional, lo que me trae a la memoria los tiempos aquellos en los que bajo el objetivo de convertirnos en una gran nación, se hacía alusión a la unidad y la seguridad nacional, y pobres de quienes osaran discrepar u oponerse a sus designios. Distinto es hablar de un gobierno de todos los chilenos, concepto que hizo suyo la Concertación al término de la dictadura.
También se sugiere alcanzar grandes acuerdos nacionales, para los cuales la Concertación siempre estará disponible y que a lo largo de estos 20 años no pudieron concretarse. Entre estos acuerdos se incluyen la elaboración de una nueva Constitución; la modernización y el fortalecimiento de la educación y la salud pública; el empoderamiento ciudadano por la vía de la inscripción automática, el voto voluntario y de los chilenos que viven en el exterior; el desarrollo de un mercado realmente competitivo en el que los consumidores no se encuentren a merced de oligopolios; el esclarecimiento de los atropellos a los derechos humanos.
Desde ya algunos temen que la Concertación se convierta en una oposición “odiosa”. El carácter de la oposición vendrá dado por el comportamiento que tenga el gobierno, y no son los partidarios del gobierno las personas más indicadas para juzgar la naturaleza de la oposición. La teoría del desalojo no está en las cabezas de los dirigentes de la Concertación, sino de quienes asumirán la conducción gubernamental el próximo 11 de marzo.
Lo que importa es el desarrollo del país y a ello están convocados el futuro gobierno y la futura oposición. Ambos deben ejercer bien, y responsablemente, sus respectivas tareas. Ese es el desafío que tienen.
Nos falta perspectiva histórica para identificar sus causas. Es un error pretender encontrar culpables, porque ellos por sí mismos no son suficientes para explicar la derrota. Me atrevería a poner sobre la mesa como una de las causas más fuertes, una suerte de agotamiento de energía, ideas, proyectos, personas, o lo que es lo mismo, una ausencia de renovación, de puesta al día de los sueños originarios y de nuevos portadores de ellos. No parece suficiente invocar logros si no van acompañados de nuevas propuestas.
El soberano, el pueblo, quiso colocar a la Concertación en la oposición: ese es el rol que deberá jugar en los próximos 4 años. Para estar a la altura de dicho rol será indispensable resistir los cantos de sirena que desde ya se dejan sentir.
Desde ya se pregona la conveniencia de un gobierno de unidad nacional, lo que me trae a la memoria los tiempos aquellos en los que bajo el objetivo de convertirnos en una gran nación, se hacía alusión a la unidad y la seguridad nacional, y pobres de quienes osaran discrepar u oponerse a sus designios. Distinto es hablar de un gobierno de todos los chilenos, concepto que hizo suyo la Concertación al término de la dictadura.
También se sugiere alcanzar grandes acuerdos nacionales, para los cuales la Concertación siempre estará disponible y que a lo largo de estos 20 años no pudieron concretarse. Entre estos acuerdos se incluyen la elaboración de una nueva Constitución; la modernización y el fortalecimiento de la educación y la salud pública; el empoderamiento ciudadano por la vía de la inscripción automática, el voto voluntario y de los chilenos que viven en el exterior; el desarrollo de un mercado realmente competitivo en el que los consumidores no se encuentren a merced de oligopolios; el esclarecimiento de los atropellos a los derechos humanos.
Desde ya algunos temen que la Concertación se convierta en una oposición “odiosa”. El carácter de la oposición vendrá dado por el comportamiento que tenga el gobierno, y no son los partidarios del gobierno las personas más indicadas para juzgar la naturaleza de la oposición. La teoría del desalojo no está en las cabezas de los dirigentes de la Concertación, sino de quienes asumirán la conducción gubernamental el próximo 11 de marzo.
Lo que importa es el desarrollo del país y a ello están convocados el futuro gobierno y la futura oposición. Ambos deben ejercer bien, y responsablemente, sus respectivas tareas. Ese es el desafío que tienen.
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Gran paliza...Camilito
Gran paliza...Camilito todavia anda buscando al camión que le pasó por encima