Williams Rebolledo y su papel en el Combate Naval de Iquique
Para algunos historiadores, el Combate Naval de Iquique es un acto del más sublime heroísmo. Pero otros lo califican como el acto de descoordinación y tozudez más notable de esa campaña. Por Jaime González Colville.
Cada año, por esta fecha, surgen los titulares, los homenajes y las alabanzas a los héroes de Iquique: Prat, Riquelme, Serrano y dos o tres más, son los exaltados a la gloria. Ocasionalmente se mencionara a algún tripulante de los que ese día, estaban a bordo de la nave.
Pocos saben de la suerte corrida por los sobrevivientes o familiares (viudas, padres o hijos) de los que murieron en ese combate, uno de los errores estratégicos más grandes de la guerra de 1879 y que, no sé por qué analogía, se viene al recuerdo al mirar el errático accionar de nuestras autoridades la noche del 27/F.
El Almirante Williams Rebolledo, Comandante el Jefe de la Escuadra, decidió, a principios de mayo de 1879, cubrirse de gloria y endilgar rumbo al Callao para capturar las naves peruanas en su propio reducto y, de paso, bombardear las fortificaciones de ese puerto.
Dejó en Iquique, como saludo a la bandera, a dos naves inútiles, tripuladas por los hombres de peor o de más débil calificación en la Armada.
Rebolledo desoyó razones y argumentos. Simplemente hizo su voluntad.
Iba así, proa al norte, con luces encendidas y en arrogante caravana, cundo fue visto por el Huàscar y la Independencia, que bajaban sigilosamente hacia el sur. Hábil por naturaleza, Grau ordenó pegarse a la costa y apagar los faroles. Los buques chilenos pasaron sin advertir la presencia del enemigo.
Al llegar al Callao, el Almirante Rebolledo vio, con el rostro empalidecido, que los monitores no estaban. La cadena de errores no terminó ahí: cuando quiso bombardear las fortificaciones del puerto, advirtió que nadie había cargado las cureñas de las piezas de artillería. Al intentar volver, surgió la guinda de la torta: el buque encargado de abastecer de carbón a las naves, equivocó el sitio de encuentro. Si el Huàscar se devuelve, podría haber hundido toda la escuadra nacional. Así de simple.
Pero apareció en Iquique, el 21 de mayo. Prat advirtió el error de Comandante y decidió asumirlo. El enfrentamiento es de todos conocido. Pero hubo un triunfo: Condell logró hundir a la Independencia y restó un poderoso navío al Perú.
Al llegar la noticia a Santiago, la gente se agolpó a la plaza de la Moneda. Avivaban a Prat, es cierto, sin embargo nada se dice de cómo se exigía, a gritos, la salida de Williams Rebolledo.
Vinieron las leyes de reconocimiento a los héroes, pero se inició también un largo deambular de hijos, viudas o padres, de una oficina a otra, llevando uno y otro papel, requiriendo testimonios y pruebas, para percibir los tres o cinco pesos de pensión que les otorgó el gobierno. La madre del grumete Pantaleón Cortés murió en un asilo de Santiago esperando el reconocimiento a su hijo. Otros simplemente no lo recibieron. En 1909 se hablaba de sobrevivientes de la Esmeralda que pedían limosna en la calle, con la medalla colgada de sus raídas ropas.
Para algunos historiadores, el Combate Naval de Iquique es un acto del más sublime heroísmo: es cierto. Pero otros lo califican como el acto de descoordinación y tozudez más notable de esa campaña.
Pocos saben de la suerte corrida por los sobrevivientes o familiares (viudas, padres o hijos) de los que murieron en ese combate, uno de los errores estratégicos más grandes de la guerra de 1879 y que, no sé por qué analogía, se viene al recuerdo al mirar el errático accionar de nuestras autoridades la noche del 27/F.
El Almirante Williams Rebolledo, Comandante el Jefe de la Escuadra, decidió, a principios de mayo de 1879, cubrirse de gloria y endilgar rumbo al Callao para capturar las naves peruanas en su propio reducto y, de paso, bombardear las fortificaciones de ese puerto.
Dejó en Iquique, como saludo a la bandera, a dos naves inútiles, tripuladas por los hombres de peor o de más débil calificación en la Armada.
Rebolledo desoyó razones y argumentos. Simplemente hizo su voluntad.
Iba así, proa al norte, con luces encendidas y en arrogante caravana, cundo fue visto por el Huàscar y la Independencia, que bajaban sigilosamente hacia el sur. Hábil por naturaleza, Grau ordenó pegarse a la costa y apagar los faroles. Los buques chilenos pasaron sin advertir la presencia del enemigo.
Al llegar al Callao, el Almirante Rebolledo vio, con el rostro empalidecido, que los monitores no estaban. La cadena de errores no terminó ahí: cuando quiso bombardear las fortificaciones del puerto, advirtió que nadie había cargado las cureñas de las piezas de artillería. Al intentar volver, surgió la guinda de la torta: el buque encargado de abastecer de carbón a las naves, equivocó el sitio de encuentro. Si el Huàscar se devuelve, podría haber hundido toda la escuadra nacional. Así de simple.
Pero apareció en Iquique, el 21 de mayo. Prat advirtió el error de Comandante y decidió asumirlo. El enfrentamiento es de todos conocido. Pero hubo un triunfo: Condell logró hundir a la Independencia y restó un poderoso navío al Perú.
Al llegar la noticia a Santiago, la gente se agolpó a la plaza de la Moneda. Avivaban a Prat, es cierto, sin embargo nada se dice de cómo se exigía, a gritos, la salida de Williams Rebolledo.
Vinieron las leyes de reconocimiento a los héroes, pero se inició también un largo deambular de hijos, viudas o padres, de una oficina a otra, llevando uno y otro papel, requiriendo testimonios y pruebas, para percibir los tres o cinco pesos de pensión que les otorgó el gobierno. La madre del grumete Pantaleón Cortés murió en un asilo de Santiago esperando el reconocimiento a su hijo. Otros simplemente no lo recibieron. En 1909 se hablaba de sobrevivientes de la Esmeralda que pedían limosna en la calle, con la medalla colgada de sus raídas ropas.
Para algunos historiadores, el Combate Naval de Iquique es un acto del más sublime heroísmo: es cierto. Pero otros lo califican como el acto de descoordinación y tozudez más notable de esa campaña.
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Aun cuando no acostumbro
Aun cuando no acostumbro polemizar con quienes tienen a bien leer mis artículos, sugiero respetuosamente a los señores Reyes y Alberto releer el texto y ubicarlo en el año en que ocurrieron los hechos.
Estoy de acuerdo con el Sr.
Estoy de acuerdo con el Sr. Reyes Meza, y obviamente no con el Sr.Gonzalez. Las calificaciones son números, estadísticas, registros, etc. Los hechos históricos de Iquique mostraron lo contrario. ¿Cual debilidad? ¿La hubo?
Catalogar a Condell , Prat
Catalogar a Condell , Prat y sus respectivas tripulaciones como "hombres de peor o más débil calificación en la Armada..." es una opinión malintencionada y un insulto gratuito en contra de nuestros héroes patrios.....
Que manera mas gráfica de
Que manera mas gráfica de presentar nuestra forma de encarar las cosas..."sin planificación" seguramente lo tenemos en nuestros genes y es por eso que se cometieron tantos errores este 27 de Febrero, afortunadamente el grueso de chilenos desconocidos asumen que hay que hacer las cosas como deben ser y evitaron mas muertes por el Tsunami