El asesinato de Manuel Rodríguez
El 30 de mayo, al anochecer, hace 192 años, un agricultor de Til Til, Hilario Cortés, descubrió el cadáver del Coronel Rodríguez, asesinado al atardecer del 26 de mayo. Por Jaime González Colville.
El 30 de mayo, al anochecer, hace 192 años, un agricultor de Til Til, Hilario Cortés, descubrió el cadáver del Coronel Rodríguez, asesinado al atardecer del 26 de mayo por una cuadrilla que integraban los oficiales Antonio Navarro, Rudecindo Alvarado y los soldados Parra y Gómez. Cortés dio aviso al Subdelegado del lugar Tomás Valle, quien, en complicidad con José Serey y el propio Cortés, sepultaron secretamente los despojos en la parroquia del lugar.
Durante años, se ha mencionado a Antonio Navarro y Rudecindo Alvarado como los autores materiales del alevoso hecho que aún estremece la conciencia colectiva, pero hace un tiempo, dimos con el expediente del proceso seguido tras este crimen. Este documento, aunque publicado en 1895, fue retirado de la venta y arrancadas algunas páginas. Hoy es una obra de dificilísima ubicación.
El gobierno de Ohiggins, ante la indignación que provocó aquel hecho, inició este proceso, que fue llevado con lentitud y escasa acuciosidad. En primera instancia se culpó a Navarro, pero luego se esclareció que el autor fue el Coronel Rudecindo Alvarado. Aunque resulte paradojal, el gobierno designó como fiscal para investigar los hechos al propio Alvarado. Éste, según consta en las fojas, tomó declaración a Navarro y como éste insistiera en narrar el crimen tal como sucedió, se le arrestó y envió a Santiago. Lo que Navarro declaró fue que, antes de salir de Santiago con Rodríguez, presumiblemente para ser sacado del país, fue llamado por Bernardo Monteagudo, estrecho colaborador del Director Supremo, quien, llegando hasta su casa “y cerrando la puerta”, le dijo que al Gobierno le interesaba “la exterminación del coronel don Manuel Rodríguez por convenir a la tranquilidad pública y la existencia del ejército”, lo cual más tarde le fue reiterado por su jefe, el ya citado Coronel Alvarado. Se conjuró así el crimen.
El proceso, que tenemos a la vista, recoge diversas versiones de cómo se presionó a otros oficiales para ejecutar ese sangriento acto, pero al negarse, finalmente fue aceptado por Alvarado y Navarro, quienes, pese a todo, nunca fueron condenados. Es más, se les dio salvoconductos para salir del país. Mientra que Bernardo Monteagudo, quien había sido asesor de la causa que condenó a muerte a los hermanos Carrera y era, en consecuencia, un testigo clave, fue misteriosamente asesinado en Lima, en 1825.
Tras la abdicación de Ohiggins, en enero de 1823, se reabrió el proceso por la muerte del prócer. Se cito al ex Director Supremo en marzo de ese año – quien se encontraba en Valparaíso a la espera de partir al exilio – quien manifestó que supo del asesinato de Rodríguez por información del Coronel Alvarado, pero reconoció que Rodríguez era merecedor de hacerle “reo de muerte”, pero él nunca estuvo por aplicarle tal pena. Cabe expresar que estas hojas fueron una de las arrancadas del proceso. Tengo un ejemplar en mi biblioteca y no deja de asombrar la trama que se tejió para exterminar al valeroso patriota.
Ahora bien, ¿Por qué Rodríguez arriesgó su vida por permanecer en Chile? Barro Arana refiere que, cuando San Martín – que le apreciaba, pero sabía que su suerte estaba echada – le ofreció salvoconducto para salir del país, el prócer le respondió que “por sus amores” no podía dejar Chile. Todos los indicios apuntan a que ya sabía del embarazo de Francisca Segura y no quiso abandonarla.
Convertida en madre pasados ya los treinta años, Francisca de Paula Segura no es, ni remotamente, la mujer de mundo y de salón que pinta la falseada serie televisiva. Su nombre no figura en listado alguno, carta o relación social de esos años. Sólo se menciona a uno de sus familiares por el lado paterno, como contribuyentes “forzosos” del gobierno realista, que era una forma de los monárquicos para sacar recursos a los adherentes de la causa chilena.
Durante años, se ha mencionado a Antonio Navarro y Rudecindo Alvarado como los autores materiales del alevoso hecho que aún estremece la conciencia colectiva, pero hace un tiempo, dimos con el expediente del proceso seguido tras este crimen. Este documento, aunque publicado en 1895, fue retirado de la venta y arrancadas algunas páginas. Hoy es una obra de dificilísima ubicación.
El gobierno de Ohiggins, ante la indignación que provocó aquel hecho, inició este proceso, que fue llevado con lentitud y escasa acuciosidad. En primera instancia se culpó a Navarro, pero luego se esclareció que el autor fue el Coronel Rudecindo Alvarado. Aunque resulte paradojal, el gobierno designó como fiscal para investigar los hechos al propio Alvarado. Éste, según consta en las fojas, tomó declaración a Navarro y como éste insistiera en narrar el crimen tal como sucedió, se le arrestó y envió a Santiago. Lo que Navarro declaró fue que, antes de salir de Santiago con Rodríguez, presumiblemente para ser sacado del país, fue llamado por Bernardo Monteagudo, estrecho colaborador del Director Supremo, quien, llegando hasta su casa “y cerrando la puerta”, le dijo que al Gobierno le interesaba “la exterminación del coronel don Manuel Rodríguez por convenir a la tranquilidad pública y la existencia del ejército”, lo cual más tarde le fue reiterado por su jefe, el ya citado Coronel Alvarado. Se conjuró así el crimen.
El proceso, que tenemos a la vista, recoge diversas versiones de cómo se presionó a otros oficiales para ejecutar ese sangriento acto, pero al negarse, finalmente fue aceptado por Alvarado y Navarro, quienes, pese a todo, nunca fueron condenados. Es más, se les dio salvoconductos para salir del país. Mientra que Bernardo Monteagudo, quien había sido asesor de la causa que condenó a muerte a los hermanos Carrera y era, en consecuencia, un testigo clave, fue misteriosamente asesinado en Lima, en 1825.
Tras la abdicación de Ohiggins, en enero de 1823, se reabrió el proceso por la muerte del prócer. Se cito al ex Director Supremo en marzo de ese año – quien se encontraba en Valparaíso a la espera de partir al exilio – quien manifestó que supo del asesinato de Rodríguez por información del Coronel Alvarado, pero reconoció que Rodríguez era merecedor de hacerle “reo de muerte”, pero él nunca estuvo por aplicarle tal pena. Cabe expresar que estas hojas fueron una de las arrancadas del proceso. Tengo un ejemplar en mi biblioteca y no deja de asombrar la trama que se tejió para exterminar al valeroso patriota.
Ahora bien, ¿Por qué Rodríguez arriesgó su vida por permanecer en Chile? Barro Arana refiere que, cuando San Martín – que le apreciaba, pero sabía que su suerte estaba echada – le ofreció salvoconducto para salir del país, el prócer le respondió que “por sus amores” no podía dejar Chile. Todos los indicios apuntan a que ya sabía del embarazo de Francisca Segura y no quiso abandonarla.
Convertida en madre pasados ya los treinta años, Francisca de Paula Segura no es, ni remotamente, la mujer de mundo y de salón que pinta la falseada serie televisiva. Su nombre no figura en listado alguno, carta o relación social de esos años. Sólo se menciona a uno de sus familiares por el lado paterno, como contribuyentes “forzosos” del gobierno realista, que era una forma de los monárquicos para sacar recursos a los adherentes de la causa chilena.
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La Logia Lautarina tomó la
La Logia Lautarina tomó la decisión. Monteagudo, oscuro personaje de nacionalidad argentina siempre dispuesto a hacer el trabajo sucio, se involucró directamente. El mismo moriría años más tarde en Perú víctima de sus propias traiciones e intrigas.
O'Higgins, un tremendo revolucionario, mucho más potente que Rodríguez, cargaría hasta su muerte con la culpa de haber encubierto a los asesinos, conciente de que se trataba de un enorme error y una grave injusticia. Eran tiempos violentos y no costaba saltar de lo heroico a lo vil. Juzgar con la visión nuestra esos hechos es bastante complicado. Recomiendo leer a Benjamín Vicuña Mackena, Claudio Gay, Barros Arana, Simón Collier, Wolfram Dietrich, Julio Heise, Jaime Eyzaguirre, Camilo Henríquez, entre otros.
"Tengo un ejemplar en mi
"Tengo un ejemplar en mi biblioteca y no deja de asombrar la trama que se tejió para exterminar al valeroso patriota."
¿alguna posibilidad de obtener una copia digital?
los poderes facticos siempre
los poderes facticos siempre estaran junto a la politica. rodriguez sera recordado como un luchador y o"higgins como un tirano,todo depende del prisma politico,para otros sera lo contrario, sin duda rodriguez es nuestro heroe y seguira escondido en la clandestinidad como debe ser un verdadero heroe
viva nuesttro manuel
viva nuesttro manuel rodriguez x q lucho x nuestra patria libre
lll
Mi ídolo, Que Padre de la
Mi ídolo, Que Padre de la Patria tenemos!!!! Si sólo hubiese 1 como él hoy.......................
Viva Rodriguez!!!
Gracias por la nota Señor.
Sr. González Colville: eso
Sr. González Colville: eso ocurriò hace 192 años, pero desde el 73 adelante, sucedieron otras peores.
Concuerdo con don Patricio
Concuerdo con don Patricio Carrillo. El artículo contiene antecedentes desconocidos e interesantes para elevar un buen debate y profundizar en el tema, pero no con las expresiones de los opinantes.
¡Qué mal estamos!
Con suerte han leído una
Con suerte han leído una tapa de un libro sobre historia de chile.
Buena la nota, está echa para debatir respecto a la enseñanza escolar respecto de los llamados próceres de la patria, pero para el nivel de comentarios, mi hija de 8 años les da cancha, tiro y lado. Paso esta vez.
Uno de los GANSTER el
Uno de los GANSTER el catolico O"higgins que querian ser amos y dueños de ARGENTINA CHILE Y PERU salio llorande de Chile, el otro fue declarado persona inconveniente para los valores de Chile y gracias a las limosniadas mesadas que le enviaba nuestro gobierno se salvo de morir de hambre en Francia .
Ni O'Higgins (masón títere
Ni O'Higgins (masón títere de San Martín) ni José Miguel Carrera (católico títere de Estados Unidos) están a la altura moral de Manuel Rodríguez.