Mineros Atrapados: Lejos del Sol
Lejos del aire, en la oscuridad redonda de los túneles, allí donde sólo llega la convicción de lo vivido y lo amado, hacia allá se dirigen todas las miradas y las oraciones. Por Gabriel Rodríguez.
Entraron para ganar el sagrado derecho al pan en las mesas de sus hijos. La urgencia de vivir le ganó al miedo sordo, a las ganas de pasear con los gueñes por las playas abiertas del norte, a los inconfesables deseos de conocer el mundo, tan grande y tan ajeno, tan distante de la negrura de la mina y el ruido metálico de los hierros.
El sudor de los ojos caía sobre la piedra ciega, ¿Cuantas lágrimas inundaron los oscuros piques donde los hombres acostumbran beber su café espeso?
En la panza de la montaña, como sombras trashumantes, como espectros revolviendo las tripas del planeta, cada vez más lejos del sol, en las tinieblas, los hombres recogían el sustento y salían a respirar una nueva vida cada día.
Nuestro grito es antiguo, como la civilización. Nos condenaron al trabajo de las minas bajo el látigo del invasor, nos cercenaron las manos cuando la tierra no arrojó el oro ni la plata, nos colgaron argollas en el cuello y cadenas en los pies para no huir o matarnos arrojándonos del cerro. Las lomas sepultaron multitudes con su piedad de tierra.
Nos amarraron a la compuerta número 12 con el terror del niño desterrado del trompo y la rueda. El grisú nos exterminaba volando los cráteres subterráneos, la silicosis arrojaba nuestros cuerpos a los tristes hospitales para agonizar mirando las cuencas vacías de la tragavidas.
Arañando los muros, garabateamos los nombres de los antiguos amores, los rostros de los abuelos que nos enseñaron a manejar el pico y la pala, los nombres benditos de los retoños.
¿Cuánto vales Juan González? (Eduardo Peralta) ¿Cuánto Pedro y Manuel? ¿Cuándo la luz de los mares del sur? ¿Cuándo?
Las bocas sin aliento claman al dios del centro de la tierra y del Universo, al dios de los pequeños y sin esperanza, al dios de los crucificados y abandonados, al dios del gólgota que renace de la piedra y se alza, transfigurado y rescatado por los que sueñan con derrotar toda forma de muerte.
Esperar contra toda esperanza. La esperanza, eso es lo que me asombra y nos sostiene.
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A los chilenos, nos duele
A los chilenos, nos duele el alma......
Todos estamos sufriendo!!!, pedimos a Dios por darles fortaleza aún superando los daños fìsicos y psicologicos que pueden padecer estos 33 mineros, màs sus familias,,, mucha fuerza y que Dios les mantenga sin perder las esperanzas y la fè.
me recuerdo....de lota... y
me recuerdo....de lota... y sus minas de carbón..
estuve con un curso al interior de estas... hay un momento en que el minero guía nos solicita apagar toda lampara... ni el infierno es así...pues dicen que hay llamas,
es la oscuridad más absoluta que pudiera ser...
son tres minutos de silencio y desesperación para muchos...sólo el canto del minero y su marcha triunfal, a los adultos que estuvimos nos hace llorar...
me vienen a la mente aquellos mineros del norte, en sus 13 días y agotándose ademas de este recurso (luz) los otros para sobrevivir... esperemos que no así sus esperanzas.