El dramaturgo chileno Jorge Díaz ha muerto.
Querido Jorge: ¡descansa en paz!
Por:Carlos Genovese
El Lunes 12, recién pasado, mi gran y entrañable amigo, el dramaturgo chileno Jorge Díaz ha dejado de existir. Tenía 77 años. Un cáncer de tardío descubrimiento, acabó con su vida en 6 meses. Murió en Santiago en compañía de sus familiares.
Era un ser especial: tímido, retraído, solitario, de una tremenda sensibilidad y de una gran generosidad al momento de entregar su obra para que otros le dieran vida. Escribió más de 100 obras de teatro para adultos y una treintena de obras infantiles, sin contar los volúmenes de cuentos breves que produjo en la última década de su vida.
Es el dramaturgo chileno de mayor trayectoria, el más traducido y conocido en el extranjero. El más montado en el país. Un ícono de la dramaturgia de los 60 que siempre se resistió a transformarse en una "vaca sagrada". ¿El antídoto? El humor. Consigo mismo en primer lugar y con la naturaleza humana en general. La ironía, el absurdo y el humor negro son constantes en su obra. Aunque detrás de la carcajada se adivina el rictus del miedo, la angustia y la incomunicación.
Vivimos juntos muchas experiencias, giras, presentaciones, anécdotas y procesos creativos. Será difícil acostumbrarse a la idea de que ya que no está. Afortunadamente quedan sus innumerables textos, algunos póstumos de próxima aparición. En ellos permanecerá con nosotros por mucho tiempo y seguiremos escuchando su voz amiga y franca que nos habla de lo frágil de nuestra condición y de la importancia de la ternura. Querido Jorge: ¡descansa en paz!
El Lunes 12, recién pasado, mi gran y entrañable amigo, el dramaturgo chileno Jorge Díaz ha dejado de existir. Tenía 77 años. Un cáncer de tardío descubrimiento, acabó con su vida en 6 meses. Murió en Santiago en compañía de sus familiares.
Era un ser especial: tímido, retraído, solitario, de una tremenda sensibilidad y de una gran generosidad al momento de entregar su obra para que otros le dieran vida. Escribió más de 100 obras de teatro para adultos y una treintena de obras infantiles, sin contar los volúmenes de cuentos breves que produjo en la última década de su vida.
Es el dramaturgo chileno de mayor trayectoria, el más traducido y conocido en el extranjero. El más montado en el país. Un ícono de la dramaturgia de los 60 que siempre se resistió a transformarse en una "vaca sagrada". ¿El antídoto? El humor. Consigo mismo en primer lugar y con la naturaleza humana en general. La ironía, el absurdo y el humor negro son constantes en su obra. Aunque detrás de la carcajada se adivina el rictus del miedo, la angustia y la incomunicación.
Vivimos juntos muchas experiencias, giras, presentaciones, anécdotas y procesos creativos. Será difícil acostumbrarse a la idea de que ya que no está. Afortunadamente quedan sus innumerables textos, algunos póstumos de próxima aparición. En ellos permanecerá con nosotros por mucho tiempo y seguiremos escuchando su voz amiga y franca que nos habla de lo frágil de nuestra condición y de la importancia de la ternura. Querido Jorge: ¡descansa en paz!
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