Arán se fue de Rangers: Gracias por nada

Con más pena que gloria fue el paso de Cristian Arán en la banca piducana, la derrota ante San Felipe fue el último estertor de un proceso hace rato fallido.

Imagen de Juan José Alfaro
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13 de Mayo, 2019 11:05

Talca se transformó en un lugar amable para las visitas, ninguna se iba sin su regalo desde el Fiscal, del inexpugnable estadio que se prometió con la llegada de Felipe Muñoz a la propiedad de Rangers no hay nada; al contrario, las caras largas de los hinchas se hicieron una costumbre, una dolorosa afrenta, que de tanto repetirse se transformó hasta en motivo de burlas, de desprecio, de gradas vacías, de un plantel que dormía la cancha, de un director técnico que nunca supo liderar su proceso.

Con el despido de Arán se rompe la inercia que había sido la norma desde la ratificación del técnico en su puesto a fines del año pasado, una decisión que hoy se lamenta por el tiempo regalado en el anhelo de volver a la división de honor, esa que hoy se ve tan lejos, casi inalcanzable, como un recuerdo en los libros de historia, o amarillentas crónicas de diarios.

BÚSQUEDA DE IDENTIDAD

En esa búsqueda de identidad Arán comenzó un complejo proceso de autodestrucción, la conformación del plantel adoleció de herramientas básicas, una defensa fuerte y un ataque letal, a lo que se fueron sumando jugadores ubicados fuera de sus puestos naturales, y un discurso que no cuajó en sus pupilos. El exdt de los piducanos tampoco logró sintonía con la hinchada, su rostro inexpresivo y sus justificaciones fueron minando el poco crédito con que inició la campaña que hoy lo obliga a cerrar por fuera las puertas del complejo deportivo Héctor Del Solar Concha.

Quien se siente en la banca piducana no tiene tiempo para desenredar la madeja que le hereda Arán, a Rangers se viene con las ideas claras, no sirve un estratega que venga a pelear con la neblina para ejecutar los cambios que necesita el precario momento mental y futbolístico del plantel, quien asuma este desafío no toma un fierro caliente, sino el metal fundido para crear una nueva pieza que calce con la camiseta Rojinegra.

SILLA MUSICAL

Desde hace 10 años que un entrenador piducano no termina una campaña, las sillas musicales se hicieron una costumbre, lo que evidencia la falta de objetivos claros de la dirigencia, sumado a una desprolija selección de los adiestradores, que terminan haciendo las maletas cuando solo han desempacado un par de camisas.

Reverdecer la campaña no es cosa de merecimientos, sino de un trabajo denodado, la camiseta no gana, la planificación y la ejecución correcta sí. La historia tampoco entra a la cancha, si el compromiso de crecer en su profesión, el público no gana partidos, pero si premia el esfuerzo. Si el nuevo estratega es capaz de seducir con estos principios a sus nuevos pupilos, tendrá éxito, de lo contrario, será otro olvidado por no aportar nada a Rangers de Talca.

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