“Un Rivero fracaso”: Rangers de Talca y las caras de una derrota

Con la renuncia de Víctor Rivero se cierra su nefasto ciclo en la tienda piducana, un periodo donde el fútbol brillo por su ausencia.

Imagen de Juan José Alfaro
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20 de Marzo, 2017 07:03

Tristeza absoluta, así puede resumirse la estadía del extécnico rojinegro, su contrato terminó tal cual comenzó, totalmente distanciado de una hinchada a la que nunca supo interpretar, su ostracismo se transformó en su derrotero, síntoma de ello fue su partido de estreno, ingreso cabeza gacha sin saludar a la hinchada que le daba la bienvenida, y ayer emprendió el vuelo de la misma forma, encerrado en la burbuja de sus decisiones incomprendidas.

El partido frente a Puerto Montt fue la expresión más auténtica del fútbol de Rivero, un equipo sin alma, anodino, sin compromiso, predicando una letanía que esparcía tristeza dentro y fuera de las fronteras del Estadio Fiscal de Talca. Y Rangers perdió 0-2.

La impotencia se devenía en una catarata de insultos de una parcialidad que no se sentía en ningún aspecto representada por un plantel que cumplía su contrato laboral, pero no asumía el protagonismo que significa vestir una camiseta con tanta tradición como la rojinegra.

El fracaso del ciclo de Rivero es también el fracaso de la administración de Jorge Yunge, que ha sido incapaz de conseguir objetivos deportivos, generando un divorcio masivo de los hinchas, en gran medida, por su sello distante, más propio de un cargo entronizado, que de un dirigente que debe ser el vaso comunicante entre el club y su parcialidad.

Acá es necesario cambios mucho más profundos que la salida de un cuerpo técnico, se necesita que existan nuevas caras en la administración del club, pues los resultados deportivos son el reflejo de un corazón enfermo, y Rangers necesita volver a latir.

El nuevo técnico piducano debe ser un hombre con experiencia, personalidad, y manejo de grupo, Rangers no puede transformarse nuevamente en la práctica profesional de un estratega, los hinchas ya no toleran este acostumbramiento al ascenso, una meseta que no se condice con la historia de nuestro querido club.

Los jugadores son también responsables de este fracaso, porque más allá de las diferencias que pueden tener con el extécnico, ellos se deben al club que los contrató, y por ende están en deuda con su profesionalismo, con el sentido de trascendencia, que marca la carrera de un jugador olvidable, de uno que deja huella.

Rangers de ahora en más deberá reconstruir su alma, volver a divertirse con el fútbol, con la magia de representar a una ciudad que añora su pasado, y no se conforma con este mezquino presente, que se mueve entre naufragio y naufragio.

Es de esperar que quienes han tomado malas decisiones, también tengan la nobleza de abandonar sus puestos, el interés superior del club está por encima de cualquier aventura personal, o pretendida sapiencia futbolística.

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