Gabriel Salazar, “Los Movimientos Sociales en Chile”, y el despertar de la Soberanía Popular

El jueves pasado el Premio Nacional de Historia 2006 visitó Talca invitado por el “Frente Amplio en Defensa de la Educación Pública”. La jornada promete ser la primera exposición de muchas donde destacados intelectuales interactúen con la ciudadanía.

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10 de Octubre, 2011 06:10
Foto: Elciudadano.cl

Reportaje de Felipe Abarca Ávila, desde el Teatro Regional del Maule, Talca.

 

GABRIEL SALAZAR, EL INTELECTUAL

Gabriel Salazar es una eminencia por donde se le mire dentro de la historiografía chilena. Nacido en Santiago en 1936, estudió en la Universidad de Chile las carreras de Historia (1956-1960); Filosofía (1959-1963) y Sociología (1966-1969). En 1960 comenzó a trabajar en la Casa de Bello, carrera académica que se vio forzosamente interrumpida por razones políticas el año 1973. Estuvo detenido en los centros Villa Grimaldi y Tres Álamos entre los años 1975 y 1976. Ese año, fue exiliado al Reino Unido, país que le otorgó una Beca para continuar con sus estudios, obteniendo el grado de Doctor en Historia Económica y Social en la Universidad de Hull.

Una vez regresado a Chile, se reincorporó hacia 1992 y actualmente realiza clases en el Departamento de Ciencias Históricas de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, además de dirigir el programa de Doctorado en Historia de la misma Casa de Estudios. Paralelamente, realiza labores de investigación y extensión académica.

Dentro de su obra puede olerse un carácter innovador, que paulatinamente viene incorporando nuevos sujetos de estudio, valorando fuentes de investigación originales y creando una escuela historiográfica propia, conocida como la Nueva Historia Social. Estas razones le valieron como elementos fundamentales para alzarse con el Premio Nacional de Historia del año 2006.

Su creación literaria es cuantiosa, y a sus 75 años sigue dándose el gusto de seguir publicando, con una lucidez y rigurosidad encomiables. Ha publicado un sin número de ensayos y más de una docena de libros. Entre sus más altas obras, destacan “Labradores, peones y proletarios” (1985); “La Violencia Política Popular en las Grandes Alamedas” (1990), “Los Intelectuales, los Pobres y el Poder” (1995); “Autonomía, Espacio y Gestión” (1998); “Ser Niño Huacho en la Historia de Chile” (2006); Del Poder Constituyente de Asalariados e Intelectuales (2009); y Mercaderes, Empresarios y Capitalistas (2009).

 

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES EN CHILE

Esta tarde, Gabriel Salazar ha sido invitado por el “Frente Amplio en Defensa de la Educación Pública”, para relatar su visión de la historia de los Movimientos Sociales en Chile. Son las 15.00 hrs, y el salón está al 75% de la capacidad; debe haber unas 600 personas por lo bajo. El exponente comienza sentando el concepto de “Soberanía Popular”, y que era evidente en la República de Portales cómo unos pocos han querido aplastar la voluntad soberana de la mayoría desde aquel entonces. 

“La historia la han contado, escrito y monumentalizado siempre los vencedores, y éstos han sido siempre los mismos, desde ellos mismos y para ellos mismos. El ejército, grupitos de empresarios especuladores, y grupitos de abogados, jurisconsultos o intelectuales que redactan la Constitución de un país. Así ocurrió en 1830, 1925 y 1980. Sin embargo, no se ha contado la historia desde la perspectiva ciudadana de base, ni de los sujetos sociales”, irrumpió con firmeza, para relatar la Historia de Chile escondida y olvidada.

 

LOS INTENTOS DE LA CIUDADANIA DE EJERCER LA SOBERANIA POPULAR

No es primera vez que el pueblo de Chile intenta hacer valer su soberanía por sobre lo que consideran las clases políticas”. “La primera manifestación ciudadana surge a finales de 1822, cuando el pueblo derriba la dictadura de Bernardo O’Higgins, obligándolo a la Abdicación. En 1829 el movimiento fue aplastado por un golpe militar sangriento (muy similar al de Pinochet), comandado por Diego Portales, Joaquín Prieto y Manuel Bulnes. Los vencedores describen en nuestros libros de Historia ese período como Anarquía. Eso es un recurso clásico usado por ellos, porque siempre que la ciudadanía entra en escena, entra en el espacio público y toma decisiones, ellos lo hacen ver como anarquía, desorden, subversión”, lanza categórico.

Y continúa con mucho mayor énfasis: “Si uno mira desde la perspectiva de los golpistas, lo que hace la ciudadanía es antisistémico, y tienen razón. Pero si uno cambia el foco de mirada desde la perspectiva ciudadana, entonces la cosa cambia. Es tan clásico como que a los niños se les enseña en el colegio el Descubrimiento de América, y tal vez si le pedimos a un mapuche que nos describa el mismo suceso histórico, lo catalogará como la Invasión a América”.

 

LA REBELION CONTRA O’HIGGINS, PRIMER ANTECEDENTE DE SOBERANIA

La muerte de Manuel Rodríguez en Til-Til caló hondo en una joven nación, porque él era la expresión viva de lo que ellos querían encarnar como Democracia. Todos entendieron quien había sido el responsable de tan dolorosa pérdida. “En ese entonces, cada pueblo se organizó de una forma admirable junto a los otros, y para rebelarse contra su dictadura, que no consideraban representativa, en la Provincia de Concepción se formó la denominada Asamblea de los Pueblos Libres de Concepción. Lo mismo hicieron en la Provincia de Coquimbo, y por separado, pero simultáneamente, enviaron una carta donde le reprochaban a O’Higgins que no había actuado según la voluntad soberana de los Pueblos”, agregó. “Usted no ha sido democrático, ha sido tirano, dictador, nos ha engañado. Por lo anterior, no reconocemos su autoridad; desacatamos su autoridad y le pedimos que se vaya”. Así de simple. La nueva Nación de Chile comenzaba a practicar lo que se conoce como “Desobediencia Civil”, la misma predicada por Santo Tomás de Aquino en su Summa Teológica, alrededor de 600 años antes.

La historia es conocida: “O’Higgins intentó armar un ejército para defenderse (que era muy democrático, porque estaba conformado por ciudadanos patriotas; no tenía relación alguna con el ejército que conocemos ahora, autoritario, jerárquico y profesional). En vista de ello, Concepción envió el ejército de La Frontera, con Ramón Freire al mando, para presionar la salida del libertador. Sin disparar un solo tiro, generó que O’Higgins abdicara, presionado por la voluntad popular, y no necesariamente como un héroe generoso (según lo graficado por el cuadro de Subercaseaux), que entregara el mando por el bienestar de la patria. Lo hizo porque lo obligaron, puntualizó.

 

1828: LA UNICA CONSTITUCION CIUDADANA DE LA HISTORIA DE CHILE

Ramón Freire, el único general demócrata en toda la historia de Chile, aceptó convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, de libre elección, donde los pueblos decidirían soberanamente cómo regir los destinos de la nación. “Desde las comunidades de base, desde los Cabildos Abiertos, independientes del nivel central, se fueron conformando las discusiones de cómo querían que fuera el Estado; establecían primero un Mandato, y luego un Representante para ejecutar ese mandato, que debía ser un miembro de la comunidad. En caso de que el representante no ejecutara el mandato, la asamblea le revocaba su poder concedido, lo juzgaba (Juicio de Residencia) y se cambiaba”, apuntó, procedimiento para evitar la oligarquización de sus políticos.

Este notable proceso ciudadano tuvo sus primeros frutos cuando en Valparaíso, después de un mes y medio de deliberación, se crea la única Constitución Política de la República hecha y pensada por ciudadanos, la del año 1828. Esta Carta Magna ha sido una de las más equilibradas jurídicamente, entre las atribuciones del nivel central, en Santiago, y lo que se podía decidir desde las regiones descentralizadamente. La ciudadanía le había asestado una victoria política a Santiago. 

“Sin embargo, ese proceso fue atacado a mansalva por grandes mercaderes como eran Diego Portales y su red de asociados, que eran minoría, porque la mayoría hacia 1830 (que es cuando empieza a construirse la idea de Estado) era gente con derecho a voto y que se desempeñaban como artesanos, pequeños propietarios, mineros del norte y ganaban todas las elecciones con un 60 por ciento. Entonces lo que hizo Portales fue organizar y costear ‘de su platita’ un ejército mercenario y dio un golpe de Estado, y con ese ejército construyen un Estado ‘a su pinta’, un Estado con un ejército privativo de esa oligarquía y que gobierna desde 1833 hasta 1925. Este Ejército además actuaba como policía interna debido a la incapacidad de la otra policía para controlar a las masas marginales y como ejército externo. Y el único método para establecer el orden fue “matar rotos”, sentenció. “De hecho, esta disociación existente entre lo que había pronunciado la voz de los Pueblos Libres de todo el país, versus lo que quería la oligarquía de Santiago, desembocó sangrientamente en la Batalla de Lircay, la única batalla en donde a los prisioneros se les mató a hachazos, por orden de Joaquín Prieto Vial”, asestó. Este mismo personaje fue sentidamente homenajeado el año 2010 por el Congreso Nacional en pleno, por ser “protector del desarrollo y bienestar del Congreso” en nuestro país.

Paralelamente, Diego Portales (constructor del Estado de 1833) tiene una estatua en la Plaza de la Constitución, frente al Palacio de Gobierno, y se le denomina un “estadista”. “En realidad fue un mercader fracasado, que intentó levantar un monopolio con ayuda de la tropa (y destruyó de paso un gremio completo de plantadores de tabaco y productores de cigarros), ganándose la antipatía del pueblo; luego organiza un Golpe de Estado y gobierna cerca de 7 años con “leyes secretas” y “policía secreta” (preparadas por su amigo Mariano Egaña); hace fusilar una cantidad notable de jóvenes en el norte y en el sur del país. Ese hombre es erigido como nuestro héroe político, fundador del Estado de Chile”, disparó.

 

1918-1925: SEGUNDO INTENTO POR LA SOBERANIA CULTURAL

Con la República Portaliana, se terminó de destruir a los gremios productores que hubiesen podido generar una avanzada industrialización. Por eso en Chile no existe industrialización. Santiago estaba capturando el centralismo del país, succionando con mucha fuerza los recursos de las regiones, y desplazando una gran cantidad de gente hacia la capital.

La misma gente a la que se le puso techo, irrumpe con su soberanía desde las sociedades mutuales. Estas sociedades mutuales son herederas del Fondo de las Comunidades, instauradas por el Reino de España con fondos para pagar a los indígenas por sus labores. Posterior a ellas, se crearon las Cajas Públicas y Privadas (1931), administradas por el Estado; y por último, el Sistema de AFPs e Isapres que hoy conocemos, administrados por privados extranjeros.

“Los trabajadores se dieron cuenta que podían administrar sus propios fondos y recursos eficientemente, sus sueldos, su cultura, su potencialidad. Ellos lo hicieron democráticamente, con participación de hombres, mujeres, incluso niños. Con ese ejercicio, al ver que era exitoso, aprendieron a “autogobernarse”. Puertas adentro, encontraron un desarrollo cultural, social, humano; fabricaron su identidad. Un ejercicio mucho más nutrido que el proporcionado por las clases dominantes, que a su vez no era propio, sino que venía importado desde Europa”, aseveró.

En este tiempo comienzan a chocar 2 tendencias opuestas: una que se inclina por crear cultura propia, expresarla y vivirla. Y otra que en vez de eso, prefiere “comprar” cultura importada hecha por otros, y consumirla. Situación que acuñaría Francisco Encina en 1911, en una de sus más famosas citas: “Consumimos como civilizados, y producimos como bárbaros”.

Las élites dirigentes a lo largo de la historia han sido mercantiles, abiertas al mundo, libremercadistas. Son gente mucho más cosmopolita que nacionalista, por lo que claramente tienen una tendencia natural a consumir el producto externo, cualquiera sea. Esa es una de las razones de por qué la industria nacional no ha prosperado.

“Cuando los pueblos crearon una identidad propia, comenzaron a difundirla. Sintieron que podían ser más chilenos que europeos difundiendo aquello, y empezó a prosperar entre las ciudades mutuales la imprenta y sus asociados, libros, pasquines, revistas, periódicos, con sus propias ideas políticas, sus propias concepciones de cómo debía vivirse Chile, y que no respondía a lo que sucedía necesariamente en Europa, y que era lo consumido por las élites. Razonaron que la oligarquía no lo hacía mejor que ellos en la administración de los recursos, y se sintieron capaces de autogobernarse”, planteó.

Esta realidad de transición en la administración y gestión de los recursos es lo que vislumbró el gran pensador y educador chileno Luis Emilio Recabarren, posiblemente uno de los pocos grandes pensadores de nuestra cultura popular. “A Recabarren se le recuerda en la historia sólo como el fundador del Partido Comunista, lo que además de injusto e incompleto, es su mayor tragedia (su partido político lo desautorizó 3 veces, a tal punto que lo hizo suicidarse. Más adelante lo seguiría desautorizando). Su gran valor ideológico (mucho más que fundar un partido), fue que se adelantó a los signos de su tiempo, y vio en el empoderamiento social, el valor fundamental de la construcción de la sociedad del futuro,” explicó.

“Si fomentamos la inteligencia del pueblo, lo primero que podremos dominar es la comuna. Si asociamos las sociedades mutuales, y formamos una mancomunal coordinada, controlaremos el municipio, pensaba Recabarren. Esa fórmula fue exitosa porque las comunidades locales eran conocedoras de los problemas que aquejaban día a día al ciudadano de a pie. Ante la irrupción de las mancomunales (que incluso llegaron a gobernar Valparaíso entre 1896 y 1899), la élite reaccionó y vinieron las masacres de trabajadores de 1903, 1905, 1906, 1907, 1919, 1921 y 1924, hasta que lograron desarmar las mancomunales.

“Demostrado está en la historia que los procesos culturales, no se derrotan de un día para otro. Podrán masacrarlos, reprimirlos, engañarlos, pero ese movimiento no muere. Cuando el movimiento mutual se mancomunalizó, vinieron encima de ellos las masacres. Una derrota. Pasaron 10 años, y reapareció nuevamente, aunque con una piel diferente: se asociaron actores sociales de nivel nacional, no mancomunales de nivel local. La FOCH (Federación Obrera de Chile); la Asociación General de Profesores de Chile (en su gran mayoría mujeres); y la FECH (Federación de Estudiantes de Chile), que en principio hablaban de sus problemas sectoriales, y luego empezaron a repensar Chile entero, en todos los temas. Estos 3 actores se juntaron, junto a otros más pequeños, y fundaron en 1918 formaron la AOAN (Asamblea Obrera de Alimentación Nacional). Esta asamblea convocó a comicios locales para discutir el problema económico (alta inflación, escasa o nula regulación del Estado en las empresas extranjeras, corrupción, etc.), y sus resultados los evacuaron en 3 memoriales, con formato de Proyectos de Ley. Paralelamente, convocaron a marchas pacíficas en todas las ciudades de Chile (en Santiago, se calcula que 120.000 personas desfilaron por la Alameda)”, expuso.

“Se le entregaron al Presidente de la época las conclusiones, y se le explicó que aquellos documentos contenían la voluntad soberana del pueblo: Exigimos que usted haga aprobar estos proyectos en el Congreso, en un plazo máximo de 15 días. De lo contrario, la Asamblea Nacional completa, en conjunto con sus bases, desacatará no sólo al Gobierno, sino que además al Congreso, haciendo ejercicio de su soberanía. El Presidente aceptó amablemente, como un caballero. Al poco andar, cambió Ministro del Interior, un señor de apellido Errázuriz, el que hizo correr un rumor sobre un supuesto revanchismo peruano por la situación de la Guerra del Pacífico. En virtud de aquello, dictó Ley Marcial en toda la República, y las tropas ocuparon ciudad por ciudad, iniciando la represión. Sobrevienen golpizas, destrucción de centenares de imprentas de trabajadores y estudiantes; caen presos muchos “agitadores”, entre ellos Luis Emilio Recabarren, y también el poeta y estudiante de derecho Domingo Gómez Rojas, encerrado en un manicomio y muerto allí”, denunció.

La muerte del vate causo un impacto terrible en la sociedad de su tiempo, porque nunca antes había pasado que se asesinara un artista para reprimir a las masas. La guerra ficticia fue ideada por el ministro Errázuriz para abiertamente reprimir la voluntad soberana de la ciudadanía en el año 1919.

 

CONSTITUCION DE 1925: LA TRAICION DE ALESSANDRI PALMA

“Tres años después reapareció el movimiento, los mismos actores. Esta vez decidieron que no les gustaba el proyecto de Estado Docente de Darío Salas y del Presidente Arturo Alessandri Palma. No les gustó a estudiantes ni trabajadores, porque asociaron que el Estado Docente era equivalente a la Oligarquía Docente, corrupta y fracasada. Ellos hablaban de la Comunidad Docente, los iguales educando a sus iguales”, dijo.

De la misma forma que la vez anterior, establecieron comicios en asambleas locales, elaboraron proyectos de ley, y se las presentaron al Presidente. Alessandri los reprendió violentamente, se encolerizó, tomó los proyectos y los desechó, y haciendo caso omiso a lo que exigían los ciudadanos, estableció el proyecto de Estado Docente, tal y como su gobierno lo había planteado.

“Váyanse a hacer sus clases, no pretendan gobernar. El que gobierna aquí soy yo, de acuerdo a la Constitución, y no ustedes”, les soltó despectivamente. El problema no se detuvo ahí. Todo el mundo comenzó a discutir las políticas de Gobierno, para levantar propuestas, incluida la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril), que era crítica del modelo económico. Los militares también se contagiaron, y los oficiales jóvenes también participaban de las discusiones sociales. Temían no estar preparados ante una nueva guerra, ya que el país no tenía industria. Se ideó un golpe de Estado, donde fue la única vez que los Tenientes, Capitanes y Mayores del ejército, que venían de las clases medias emergentes, dialogaron con la ciudadanía para derrocar al gobierno de Alessandri Palma, y convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. En vista de esto, dichos actores nacionales convocan a una Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales (la única asamblea libre autoconvocada de la historia) con exclusión de empresarios, políticos y militares. Se realizó en marzo de 1925 en el Teatro Municipal de Santiago y duró una semana, con más de 2000 asistentes. Allí se acordaron los principios básicos de la nueva Constitución.

“El acuerdo sería que el Estado chileno debía ejecutar un mandato: desarrollar la producción y la industria del país; El Congreso debía estar conformado exclusivamente por representantes de las clases productoras, trabajadoras e intelectuales; y se debía abolir el Ejército Permanente (que masacraba ciudadanos), por un ejército de ciudadanos patriotas. El ejército no supo como reorganizarse bajo una nueva idea, y llegó a la conclusión que debía organizarse bajo la legalidad vigente (esta situación fue abiertamente un contrasentido, ya que una Asamblea Constituyente precisamente cuestiona las antiguas leyes, para instaurar otras nuevas). De esta manera, según la legalidad, el Presidente debía tomar la decisión”, sostuvo.

Alessandri traicionó a las bases, y no convocó a asamblea alguna, redactó él mismo la Constitución de 1925, abiertamente liberal, e hizo una copia mejorada de la Constitución del año 1833 de Portales. De tal forma que fue ilegítima, exactamente lo contrario a la voluntad soberana, avalada por Alessandri y luego por Carlos Ibáñez del Campo.”

 

LOS CONFLICTOS DEL ESTADO EN LAS DÉCADAS SIGUIENTES

El problema de la Constitución Liberal de 1925 repercutió a los gobiernos posteriores, que no contaban con un Estado a la medida de las grandes reformas que vendrían. En el año 1938 gana Pedro Aguirre Cerda con el Frente Popular, se crea la CORFO y se decide industrializar el país. Esto traería una gran reforma social para las clases marginales y mejoraría la situación de los trabajadores y empleados públicos. Lo mismo ocurriría con Frei Montalva y sus reformas estructurales, y con Salvador Allende y su “Revolución Socialista”. Dichos avances se perfilaron en un entorno constitucional que no estaba preparado para ello, con el agravante que ninguno de los gobiernos entre Ibáñez del Campo y Allende cambiaron la Constitución Política de Alessandri Palma. La clase política se negó a modificar un ápice cualquier artículo, ya que el Senado estaba manejado en ese entonces por la Derecha Conservadora. Como no había manera de lograr cambios profundos en el Parlamento en pro de la ciudadanía para más igualdad social, se fue modificando la legislación vía “Intersticio Legal”, o con Decretos con Fuerza de Ley.

Hubo otro problema: el año 1931 se aprobó el Código del Trabajo, que terminó de sepultar el movimiento mutual. En uno de sus artículos, decía: “Se prohíbe a los sindicatos hacer política”. Por lo tanto, el Código del Trabajo despolitizó a los trabajadores, y desarmó al movimiento mutual. La política pasaba de esta manera monopólicamente a los partidos con representación parlamentaria, quedando solamente el derecho a petición, lo que finalmente Alessandri quería. ¿Quién tramitaba las peticiones? Los partidos políticos. Y el Senado era tan poderoso que podía obstruir todos los proyectos de fondo. Por lo que las políticas públicas que perseguían desarrollar el país, eran minimizadas hasta casi la invisibilidad.

Ante esta situación, emerge un gran pensador de los años 60, llamado Clotario Blest (Fundador de la CUT, que al igual que Recabarren fue traicionado por sus correligionarios), que analiza el problema de la burocracia estatal, y define una estrategia para romper con esa muralla infranqueable para los trabajadores. El pensaba: “La petición, tramitación del partido, tramitación del Parlamento, decisión del Ejecutivo, y finalmente una política pública que no resuelve nada, es un trámite burocrático y político inútil, relató. 

“Lo que debe hacer la ciudadanía es Acción Directa: La clase popular tiene que ir directamente al Ministerio pertinente, tomárselo, presionar y obligar al Ministro a tomar las decisiones que favorezcan a los trabajadores. Si no resulta, hay que hacerlo en la autoconstrucción, desafiando la legalidad”. Bajo esta idea los pobladores fueron accionando una nueva vía de acción popular. Emergieron las tomas de terrenos y los campamentos. En sí mismo era una acción autoeducativa, porque había que estudiar qué sitio eriazo se podía tomar, a quién pertenecía, qué capacidad de defensa tenía, establecer rondas de vigilancia; ver temas de educación, salud, etc. Aquellas situaciones cambiaron el tenor de la política popular, porque involucraba acción directa y auto-aprendizaje, convergiendo los estudiantes hacia esa realidad, vínculo que perdura hasta nuestros días. Fue lo que se denominó como Poder Popular. Ese proceso de integración social se quebró con el Golpe de Estado de 1973, que no permitió desarrollar a plenitud la fuerza de aquella alianza.

 

MANIFESTACIONES DEL SIGLO XXI: UN NUEVO PRECEDENTE SOCIAL

El movimiento actual por la Educación Pública, Gratuita y de Calidad, en opinión de Gabriel Salazar, es inédito en la Historia de Chile. “Esta movilización no está operando necesariamente desde las comunidades, como en el siglo XIX; tampoco tiene como base las sociedades mutuales ni mancomunales para administrar fondos de comienzos del siglo XX; no funciona todo en base a tomas de terreno como en los 60 y 70. Este movimiento es mucho más complejo”, argumentó.

Aún no alcanzamos a dilucidar completamente sus implicancias, y se debe examinar con lupa las posibilidades que tiene. Sin embargo, el movimiento se enfrenta a las encrucijadas de siempre.

“Está el problema de ser un movimiento de masas tradicional, que sale a la calle, marcha, llega a La Moneda o al Ministerio, y entrega peticiones a las autoridades, recibiendo una respuesta de sentarse a conversar. Esa forma de protesta, es muy carnavalesca y entusiasta, pero sigue estando enmarcada en la lógica del Estado actual, bajo las reglas y el conducto regular que se impone, en circunstancia que lo que se cuestiona es el propio Estado y las reglas del juego vigentes. Esta línea de los movimientos de masas no es más que una variante de la “política de la representación”, con los partidos políticos y las autoridades de la Nación como interlocutores válidos, refrendados en el Estado vigente”, explicó.

Y continuó diciendo: “El otro camino posible es aquel que apela a la “Política de la Soberanía”, que reside esencial e inherentemente en la Ciudadanía, y no en el Estado. Más aún en una ciudadanía articulada como comunidad deliberante, porque es esa deliberación la que le otorga a la ciudadanía el Poder Soberano, que es la expresión de una voluntad social y colectiva”.

“Es la ciudadanía deliberante la que construye el Estado, y no al revés. La soberanía es anterior a La Ley, porque la soberanía legisla y tiene Poder Constituyente. Puede decidir al Estado, si quiere expresarse soberanamente, porque es la expresión Constituyente y Legislativa de la masa ciudadana. La soberanía no es individual, porque al individuo le falta una característica trascendental: necesita discutir con otros y construir acuerdos para ser voluntad soberana, lo que implica deliberación”.

“El plebiscito no es una herramienta de trabajo de la soberanía, porque apela a la decisión individual; es una herramienta de la política de la representación, porque tiene una lógica cuantitativa, de masas. Las dictaduras recurren al plebiscito, como Alessandri y Pinochet. A la clase política le gusta el plebiscito, porque no implica deliberación”.

“El camino de la soberanía es más complejo, porque requiere mayor organización y asociación para llegar a un acuerdo e imponerlo. Desgraciadamente en Chile nunca se ha permitido, no tenemos cultura al respecto, no nos enseñan a ser soberanos ni a construir Estado. Este camino exige mucha autoeducación. Estamos acostumbrados a pedir, lo que es en sí mismo una denigración de la soberanía”.

Hoy se enfrenta esta disyuntiva. Si la ciudadanía toma la opción soberana, se exige fortalecerse a sí misma, autoeducarse, y aquello toma tiempo, porque es un proceso adquisitivo acumulativo. Por otro lado, a 200 años de vida independiente tenemos deudas pendientes que resolver, hacia nosotros mismos como colectivo nacional:

-          Industrializar el país para dejar de importar tecnología y copiarla, sino que crearla.

-          Construir por 1ª vez un Estado legítimo desde la ciudadanía, para dejar de ser ciudadanos de 2º clase.

-          Integrar la sociedad detrás de un proyecto de desarrollo, que distribuya los ingresos de la Nación de una manera medianamente equitativa.

-          Desarrollar un sistema educativo que nos permita romper estas barreras: dejar de consumir cultura objeto, foránea, externalizada; sino que más bien producir cultura sujeto, desde la experiencia de la cultura nacional, para hacernos cargo de nuestros problemas anteriores.

 

 

Conversación con Gabriel Salazar, en exclusiva para

Diario Electrónico “Elamaule.cl”

 

1) ¿En qué punto estamos dentro del contexto político-social? Escuche la respuesta aquí…

2) Cuando observamos la clase política de hoy, se deja entrever que la voluntad soberana no se manifiesta ni se canaliza a través de nuestros representantes. ¿Por qué se disocian tanto la política y la ciudadanía? Escuche la respuesta aquí…

3) Si usted tuviera que catalogar este movimiento dentro de la historia reciente de la República de Chile, ¿Cómo quedará escrito en los anales de nuestra historia? ¿Existe alguno que se le parezca? Escuche la respuesta aquí…

4) Sergio Gres Toso, historiador, en una de sus columnas plantea que los trabajadores deben entrar en la lucha de los derechos ciudadanos, al igual que los estudiantes. En definitiva, debe radicalizarse. ¿Usted comparte dicha postura? Escuche la respuesta aquí…

5) Si usted pudiese aconsejar a los nuevos ciudadanos, ¿cómo podemos evolucionar hacia la construcción de una Nueva República? Escuche la respuesta aquí… 

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2 Comentarios

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Imagen de César Pérez B.

Es increible como este

Es increible como este movimiento estudiantil, nos a educado a todos los que de a poco hemos comprendido que lo que exigimos como actores sociales, es sensillamente lo mas justo para el país...
Lamentablemente no estan las personas correctas en el poder y queda claro que mucha gente aún no lo comprende...porque si sacamos a la consertación y metimos a la derecha al gobierno...fue como salir del barro y meterse en la mierda! pero... La Esperanza jamas se pierde!

Imagen de Héctor Abarca

Felicitaciones por la

Felicitaciones por la publicación, muy bien estructurada y documentada, creo que aporta contenido al debate de lograr dimensionar el fondo y no solo la forma de los objetivos  y  proyección del   movimiento estudiantil. Tal vez habrán quienes discrepen en parte de lo expresado por el Sr. Salazar, ( no creo que exista una verdad absoluta  de la interpretación de los hechos de nuestra historia ), pero sin duda de eso se trata,  de construir una visión de pais que interprete a las grandes mayorías.  

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