El Brazo Derecho de los Moralistas de Chile: ¡Matar a Daniel Zamudio!
Señor, hoy que estamos pronto a celebrar Semana Santa, quiero pedirte por todos los Danieles del mundo que no han dejado de ser discriminados y seguirán siendo maltratados quizás por cuánto tiempo más, mientras esta sociedad no tome conciencia de que estas acciones son un atropello a los derechos de quienes optan por ser diferente, pero viven con nosotros, son parte de familias amigas, vecinos y que no podemos negar su existencia, y estemos o no de acuerdo con su forma de vida diferente, no significa que tenga que levantar mi mano para ejercer violencia, tanto verbal como física como ha sido el pan de cada día, expresado por miles de moralistas.
Por los Danieles que son objeto de burlas y ofensas durante gran parte de su vida, sobrellevando un Vía Crucis donde al final terminamos crucificándolo con nuestra indiferencia y falta de compromiso a la diversidad que libremente ha escogido el ser humano. Quiero pedirle a Dios que nos haga más sensibles a adoptar uno de los mandamientos más importantes de nuestra fe “Amar al prójimo como a ti mismo” divina fórmula ideal para que entre nosotros exista, el respeto, la tolerancia y el amor.
Que este ensañamiento que vivió Daniel, nunca más vuelva a ocurrir, ojalá que como grupo de personas humanas, seamos testigos del último torturado por la violencia homofóbica, ellos merecen vivir con todo nuestro respeto si son personas de paz, si quebrantamos la ley, las sanciones deben aplicarse para todos en forma igual. En este caso, un muchacho sano y alegre, que tiene mamá y papá como todos nosotros, y muy querido por todos, a nadie le hacía daño, pero la violencia en su grado más atroz le acechaba en forma cruel hasta que logró su objetivo, exterminarlo, porque eso fue lo que hicieron el brazo derecho de los moralistas.
Que el sufrimiento de este joven haya servido para quebrar esa cáscara externa de nuestros vanagloriados valores de raza, sangre, condición social, sexo, color de piel, vestuario, edad, limitaciones física-psíquica-sensorial-intelectual-mental, geográficas, culturales, ruralidad, provincianos, etc… la verdad que son muchas condicionantes que serían largas de enumerar por las que más de alguna vez nos hemos sentido discriminados entre nuestros mismos pares.
Fuiste tú Señor que nos hizo sentirnos iguales, hermanos, pero ahora comprendo que pasó, se olvidaron de ti definitivamente o te cambiaron por el que reina el mal y nos hemos ido preocupando de cosas que nos más nos desunen a través del tiempo, que las que nos pueden llevar a una convivencia pacífica y alentadora.
Padre Nuestro que estás en el cielo, permite que los confundidos corazones de los hombres y mujeres que incitan a practicar el mal, creyendo que están en lo correcto; puedan encontrarte en estos días que recordamos tu sacrificio de salvar a la humanidad, donde nos mostraste que amar, era mucho más que una palabra, era entregar la vida entera para que pudiéramos tener acceso al reino de luz. Muy distante al mundo de tinieblas que ha llegado a anidarse en el corazón de los que se creen horrorosamente buenos.

