Night clubs en Talca: Cuando el dinero se gana bailando
Testimonios de mujeres que sacrifican sus noches para mantener a sus hijos y familias.
Hasta hace un tiempo pensar en la existencia de cafés con piernas y clubes nocturnos con exóticas bailarinas contorneándose a lo largo de un caño era una fantasía inalcanzable para cualquier talquino que quisiera apreciar un espectáculo de tal naturaleza luego de salir de su trabajo. Hoy, muchos de estos locales de diversión adulta proliferan en el centro y la periferia de la ciudad.
Jóvenes estudiantes, madres solteras, extranjeras y chilenas, forman parte del staff de mujeres que noche a noche sacrifican sus horas de sueño frente a una barra, conversando y entreteniendo a los clientes, y en cuyas mentes deambulan sus intenciones de conseguir el pan de cada día para los suyos, y encontrar un empleo mejor.
Jade: La sensual bailarina árabe
Jade tiene 27 años, dos hijos y una separación de por medio. Sola, ha tenido que hacer frente a los gastos del colegio y alimentación de sus pequeños, pues su ex marido no le ayuda económicamente.
Cesante y sin dinero, aprovechó su talento para bailar árabe y aceptó la invitación que le hizo una amiga para trabajar por una jornada en un night club. Y en un par de horas se hizo 30 mil pesos, lo que la dejó muy motivada para acudir a una segunda noche de trabajo.
Aquella segunda vez, Jade llegó al lugar, ubicado en calle 1 norte, con un atuendo especial: una pequeñísima polera sin mangas, ajustadas pantyes negras de malla, colales y un sonoro caderín de danza árabe. Su misión aquella noche era encantar a los presentes con un sensual baile de las tierras de “Aly Babá”.
Al ritmo de la popular canción “Ya Baba (Sidi Mansour)”, Jade comenzó a trepar el caño ubicado en el centro de la pista de baile. Atónitos, los espectadores se apresuraron a dejarle billetes de mil, cinco mil y diez mil pesos a lo largo de sus inquietas caderas. El show estaba en su máxima efervescencia.
Luego del espectáculo, Jade, una debutante en el rubro nocturno e inexperta en la materia, se dejó llevar por la conversación que un hombre mayor sostenía frente a sus ojos. Y en un momento de descuido, el hombre de un modo violento la manoseó y le pidió que tuvieran intimidad, pagándole 80 mil pesos por ello. En shock, la sensual bailarina llamó a un taxi y regresó a casa. La diversión había terminado.
Pasados los días y más tranquila, nos relata que “si se mantuvieran los respetos por el trabajo artístico que hago, lo haría de nuevo, pero no me gusta cuando los clientes se aprovechan o se ‘suben al chorro’” agregando que por lo pronto está en espera de un trabajo como promotora y atención a clientes de una empresa, lo que le aliviaría la estrechez económica por la que está pasando.
“Necesito el dinero. Tengo que hacer de padre y madre con mi hija”
“Afro girl” tiene 26 años y una hija que mantener. Con principios de asma, su pequeña requiere constantemente de medicamentos y otros insumos que a cualquier bolsillo medio harían tiritar. Hace un mes no le renovaron el contrato en la empresa para la cual trabajaba. Sin estudios ni título, nos cuenta que una tarde se sentó en un paradero de micro y, desalentada, comenzó a mirar para todos lados. “Fue entonces que vi un letrero que decía ‘se necesitan señoritas para un café’. Recordé que sabía bailar bien, y entonces no le di más vueltas y me fui a probar a dicho lugar”.
Alta y dueña de una sensual piel morena y generosas caderas, relata que el trabajo no ha sido fácil, pues ha tenido que lidiar con las envidias de sus compañeras de trabajo, y el trato impertinente de algunos clientes. Pero que ha pesar de todo, ha logrado mantenerse en el rubro.
“Las propinas que nos dan por trago son muy tentadoras, por cada una nos entregan una pulsera que es como un contador, y al final las canjeamos por nuestro dinero” sostiene esta afuerina, que cada día viaja desde el pueblo donde vive hasta la capital regional, para hacerse cargo de un turno nocturno en el exclusivo night club “Venus” ubicado en la ruta que une Talca con la comuna de Maule.
Respecto a tener sexo con los clientes a cambio de dinero, nos comenta que “muchos me han pedido que tengamos ‘privados’, que quiere decir tener relaciones sexuales. Lo he pensado, y aunque aún no lo he hecho, no descarto hacerlo más adelante. Tengo muchas deudas, mantengo a mis papás y hago de padre y madre con mi hija. Entonces necesito ese dinero” sostiene.
Carnet Sanitario
Acerca del trabajo sexual que eventualmente podrían realizar algunas mujeres que se desempeñan en cafés con piernas y night clubes de la región, fuentes al interior de la autoridad de salud nos señalan que “existe un carnet sanitario que regula que ellas estén al día en sus exámenes médicos de infecciones sexuales, con chequeos que van de 3 a 4 meses, y que forman parte de un acuerdo entre el Servicio de Salud del Maule y la Policía de Investigaciones de Chile – PDI – que son quienes realizan las fiscalizaciones de rutina en este tipo de locales”.

