[Opinión] El Dogma del Medio ambiente y el Bien común tras visita del Papa Francisco a Chile

La gran interrogante que surge es cómo actuará el gobierno de Chile Vamos: si esos mismos empresarios católicos que son parte importante del gobierno entrante, seguirán actuando con ese doble estándar que los caracteriza. 

Imagen de Andrés Gillmore Evers
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19 de Enero, 2018 17:01

Es indudable que la visita del Papa Francisco de una u otra manera nos hace reflexionar como sociedad sobre lo que queremos y cómo lo queremos. Si de algo nos hemos dado cuenta, es que como sociedad hemos perdido la fe en la iglesia Católica Apostólica Romana y nos hemos transformado en un país cristiano abierto a muchas otras religiones y en no ser parte de ninguna religión, pero creyendo en Dios.

La lógica desde el mundo ciudadano quería que el Papa hubiese castigado en la plaza pública al Obispo Barros y lo hubiera retirado de la diócesis de Osorno para demostrarle a Chile que cree en la verdad de Cruz y Hamilton, abusados por el nefasto Karadima, donde ambos sostienen que él sabia y presenció los abusos cometidos, dando fe de ese sentimiento y que la Iglesia Católica está por encima de todas las cosas y se debe a su gente y no a sus líderes. Pero todos sabemos que los intereses creados, tal como sucede en el mundo político y empresarial, abundan igualmente en el Vaticano. Finalmente son más que nada un grupo de poder que les cuesta tomar determinaciones para castigar a sus pares y terminan escudándose en que la justicia no los ha acusado, que no hay pruebas del delito, que no pueden castigar lo que no está comprobado, que los delitos han prescrito y, ante ello, nada puede hacerse.

Este Papa, a diferencia de los otros, es nacido y criado con esos mismos curas que hoy son cardenales y obispos, uniéndolos una amistad de décadas. Por mucho que alguien sea nominado Papa, todos sabemos que son seres humanos y personas como nosotros no más y que sus pares que estudiaron con él, en la interna el trato es de igual a igual. Esto marca una diferencia sustancial a la hora de determinar ciertas decisiones dolorosas y, por lo que se ve, poco caso le hacen a Bergoglio. Diferente hubiese sido si el actual Papa fuese Europeo, sin relaciones personales con la curia Sudamericana, entonces le sería más fácil sacar a Barros y reconocer los abusos de los 70 curas implicados en la iglesia chilena.

Por eso resulta cínico cuando escuchamos a muchos políticos discursar en sendas entrevistas radiales y televisivas, rasgando vestiduras, aduciendo que los curas que han abusado de niños y adolescentes deben ser enjuiciados y encarcelados: al final, es lo mismo que ellos han realizado al estafar a la sociedad y al Estado en los últimos años, al ser financiados por las grandes empresas y legislando para esos intereses. De otra manera, se han coludido para estafar a la sociedad chilena y obtener ganancias millonarias a costillas de una ciudadanía que apenas sobrevive. Aunque de diferentes formas, el Vaticano, los políticos y los empresarios son más de lo mismo.

En este sentido, el doble estándar de las grandes corporaciones de poder es siempre el mismo: una cosa es el discurso y una muy distinta la práctica de la vida misma, reconociendo la diferencia sustancial entre los propios y los otros. En Chile la mayoría de los grandes empresarios son Católicos Apostólicos Romanos de misa dominical y son de confesión mensual la mayoría. Son personas afables en el trato personal y caritativas en muchos sentidos, que aman a sus familias por sobre todas las cosas. Sin embargo, a la hora de hacer negocios hacen una terrible distinción y no dudan en tomar decisiones que van en contra de los preceptos que ellos dicen respetar en la Iglesia Católica y tratan mal a sus trabajadores, los obligan a laborar muchas veces en pésimas condiciones y con bajos sueldos, destruyendo también el medio ambiente y la proyección de muchas de las comunidades donde se han instalado.

La Iglesia Católica hace unos años reconoció como dogma el bien común y que el medio ambiente debe cuidarse, dejando atrás la visión del pasado en que la Iglesia sustentaba que los recursos naturales estaban para ser explotados en beneficio de la raza humana. Eso cambió, porque la Iglesia entendió que el uso y el abuso del medio ambiente está destruyendo la vida del ser humano y es ilógico seguir así.

Cae de cajón que los empresarios católicos deberían tener como base de sustentación en sus proyectos de desarrollo el cuidado del medio ambiente y las comunidades vecinas. No obstante, lo que se ve es todo lo contrario, poniendo de manifiesto una vez más que el doble estándar de estos centros de poder tiene destruido el país en muchos de los grandes temas y los más radicales son los miembros de las religiones prevalecientes como la Católica y la Evangélica. Sus feligreses en su gran mayoría no reconocen las minorías sexuales, poco les importa el medio ambiente si de el pueden usufructuar, apoyan ideológicamente dictaduras militares de derecha y el desrespeto por los derechos humanos se justifican muchas veces por sus intereses y tienden a ser muy racistas.

El tema sexual no es el único abuso que está encarnado en nuestra sociedad. Las diferentes iglesias en la actualidad hacen caso omiso del abuso del poder político, económico, de género, sexual, social y del modelo económico que obliga a un importante porcentaje de la ciudadanía a tener que contraer un sobre endeudamiento exacerbado para mantener a sus familias. De esto, poco y nada hablan o dicen las religiones prevalecientes en el país.

En dos meses un gobierno de derecha llegará a la Moneda por segunda vez en menos de 10 años y la gran interrogante que surge es cómo actuará el gobierno de Chile Vamos: si esos mismos empresarios católicos que son parte importante del gobierno entrante, seguirán actuando con ese doble estándar que los caracteriza. Esta semana en la oscuridad que permite la visita del Papa, los dirigentes de la CPC liderados por Alfredo Moreno (ex ministro de relaciones exteriores del primer gobierno de la Alianza por Chile), se reunieron con Sebastián Piñera para proponerle que se rebajaran los estándares exigidos a los estudios de impacto ambiental (EIA) en materia de concesiones mineras, que la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) sea el único permiso técnico ambiental y que el Servicio de Evaluación Ambiental evalúe los proyectos en su totalidad, sin reconocer los Tribunales Ambientales y la Corte Suprema para estos casos.

Entonces, a buen entendedor, pocas palabras, demostrando como siempre que el riesgo que se corre en la actualidad es que los grandes empresarios se tiren como marabuntas a lucrar a como de lugar y signifique un retroceso que terminara destruyendo el Dogma del Bien Común y del cuidado del Medio Ambiente.

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